Tal es el caso de los concejales Gustavo Álvarez y Roberto
Némer que fueron ungidos como concejales para ejercer oposición, y a los pocos
meses entraron en el frenesí de los pagos por cada aprobación alocada ordenada
por Páez y su corte demoníaca.
De esta manera, el FPV al que dicen pertenecer, no es
oposición ni nada que se le parezca, porque ellos ahora integran con descaro y
sin vergüenza la mayoría automática que Páez necesita para seguir
despilfarrando el dinero del pueblo.
Inadmisible cuando todos los sondeos definen las enormes
preferencias del electorado para la continuidad de Lucía Corpacci en un segundo
mandato, mientras en el Concejo Deliberante, el FPV ha dejado de existir por
acción traidora de estos dos sujetos propuestos por el inefable José Perea,
aprovechando el vacío legal acerca de que las bancas pertenecen a los partidos
y no a los candidatos.
Seguramente, estos dos traidores a la causa del pueblo
tendrán mucho tiempo para arrepentirse de su artera actitud, pero será ya
demasiado tarde porque ahí se les termina toda aspiración política, mientras
las cometas cobradas, se acabarán demasiado pronto.
Lo llamativo de estos dos concejales, es que ambos fueron
impuestos por el senador José Perea, en su afán por conservar puestos de poder
en el esquema del FPV, pero resulta que ni siquiera a él responden estos
apóstatas, cuya carrera política ya está marcada por el descrédito por el solo
hecho de haber traicionado a las miles de personas que los votaron y a los
dirigentes que trabajaron mucho para que estén donde están.
Y peor aún, se sospecha que por cada aprobación, reciben
algunas monedas que muchos ciudadanos querrían tener. Pero lo más lamentable,
es que el partido gobernante en la provincia no tiene representación en el
Concejo andalgalense, ni mucho menos, quien defienda a la gobernadora ante los
permanentes ataques de los ediles sicarios del inefable Alejandro Páez.
El pueblo peronista juzgará su accionar y en su momento les
hará saber que nunca más se atrevan a pretender algún cargo.