A 39 años de su inicio, y a la luz del análisis histórico,
político y social, está siendo tiempo ya de que las nuevas generaciones
conozcan los hechos y los protagonistas, nombres que en las últimas décadas han
tratado de ocultarse detrás de las barreras de la impunidad.
Ya todo el mundo sabe que el principal
operador/cómplice/ejecutor civil de Videla fue Arnoldo Castillo, a quien
acompañaron obsecuentemente personajes como Amado Quintar, Aldo Nieva, Johny
Acevedo, y algunos más que después se disfrazaron de demócratas para seguir
lucrando del estado.
En Andalgalá, también se enseñoreaban los procesistas.
Silverio Sotomayor fue elegido por el pueblo para cumplir el rol de intendente,
y el 25 de marzo de 1976 fue derrocado por Johny Acevedo, que asumió con la
suma del poder público, disolvió el Concejo Deliberante y ordenaba a la
justicia y a la policía, iniciando una gestión autoritaria y nepótica, y
construyendo una sociedad maniquea, en la cual los malos eran sobre todo los
dirigentes y militantes peronistas, los que de hecho fueron perseguidos y
condenados a la muerte social y política, o inducidos al exilio.
Los buenos, naturalmente, algunos radicales y todos los que
aceptaban las reglas de juego o se callaban ante las atrocidades y las listas
negras. Huelga comentar que la élite gobernante de Acevedo disfrutaba de las
mieles del poder, y la casona de Liédelich en La Banda, se convirtió en el
centro de componendas, y festicholas y
banquetes a los que concurría lo más procesista de la sociedad de Andalgalá.
Cuando Castillo asume como gobernador militar de Catamarca,
Acevedo lo hace como ministro de Gobierno y Justicia, con amplia autoridad
sobre las fuerzas de seguridad y la Justicia, y dejó como reemplazante a un
oscuro dirigente radical de Chaquiago.
Ahí estaba Carlos Del Sueldo a disposición de los oscuros
designios de Videla y Massera, a través de Castillo, Acevedo y sus secuaces que
no dejaron peronista sin perseguir.