Con el correr de los meses y los años, la gente fue dándose
cuenta de que sus anhelos quedaron truncados por la sinrazón, ya que es claro y
evidente que el jefe comunal de Andalgalá ha producido un inesperado e
inadmisible aislamiento de la ciudad con respecto a las superestructuras, al
estar distanciado e incomunicado con el gobierno nacional y provincial, además
de las empresas mineras, con todo lo que ello significa.
La gente ya tiene en claro que a Páez lo único que le
interesa es construir poder desde el poder al que accedió gracias a una
coyuntura de la que la historia dará cuentas en su momento.
Su inestabilidad emocional, el entorno demoníaco y la abultada
cuenta bancaria del fondo de regalías mineras, lo hacen creer que es
autosuficiente y que la comunidad de Andalgalá se nutre y crece con los becados
cautivos del municipio, muchos de los cuales se sienten realmente humillados
por los montos que perciben y por la desopilante conducta del intendente.
Pruebas de tanta decadencia, es el estado general de la
ciudad, y la casi extinción de las instituciones intermedias que son vehículos
de articulación social, sólo para ejemplificar.
La llegada de Sergio Massa y de algún otro trasnochado a la
ciudad de Andalgalá, no significa para nada, integración en el contexto
nacional o provincial, ya que es de la peor ralea y de muy corta carrera, por
lo que nada se puede esperar ni planificar en términos políticos, lo que se
agrava con la inadmisible falta de identidad partidaria de Páez, que a meses de
terminar su gestión, aún coquetea con cualquiera.
Realmente una pena y una vergüenza ajena, pero así son las
cosas.