De hecho, esto implica la clara violación de la ley que
regula el gasto del dinero que pertenece genuinamente a las nuevas generaciones
que no disfrutarán de lo producido por esos recursos no renovables y que él
utiliza para mantener a sus cautivos y patovicas, y para negociar con la
asociación ilícita de Castillo y Brizuela del Moral, conocedor de que ese
dinero es el único valor agregado que posee y que sin esos recursos, sería un
intendente del montón, con la triste carga de su inestabilidad emocional y su
marcada bipolaridad.
Lo que no se dijo, es que el jefe comunal de Andalgalá está
permanentemente entornado por sus demonios alegóricos que lo han transformado
en una suerte de íncubo, mitad diablo, mitad engendro, con naturaleza humana
desnaturalizada por la genética satánica.
Todos los andalgalenses conocen la nefasta influencia de
José Cativa sobre Páez en procura de lograr otros espacios de poder más allá
del Concejo Deliberante, y comienzan a conocer la injerencia de Mario De La
Rosa en la gestión municipal que no pudo lograr en 2003, pero en busca de
obtener los abultados dividendos de las regalías mineras. Prueba de ello, es la
empresa recientemente contratada por el Municipio para la construcción del
predio del festival, tasado en 10 millones de pesos, cuando hasta el más lelo
se da cuenta de que ahí no se gastaron más de 5 ó 6. Clink caja la diferencia.
Belcebú y Pazuzu o Astarté y Satán en persona, en permanente
revoloteo alrededor del trono municipal, seguramente autores ideológicos de
toda trapisonda cuyo responsable es el propio Páez que parece no darse cuenta
de la hipoteca de su futuro personal y político, por lo que necesitará fueros
parlamentarios para protegerse de las denuncias habidas y por haber que se
sustanciará apenas quede indefenso.
Si de inercia existencial se trata, la lógica indica al
ciudadano común, que prontamente se necesitará la presencia del Padre Damian
Carras para la realización del exorcismo que expulsará a los demonios que han
transformado al intendente Páez en lo que hoy es, tal vez así retorne la
cordura a la ciudad de Andalgalá, signada por el desatino y la sinrazón.