Ciertamente no había muchas expectativas torno a la
renovación de las autoridades del peronismo catamarqueños; muchos creían, como
nosotros, que los peronistas estaban condenados a más de lo mismo. Pero resulta
que la política nos volvió a sorprender con el anzuelo de la novedad.
Hoy quizás ya se conozcan muchos de los nombres de las
personas elegidas para ocupar los principales cargos en la nueva conducción del
PJ.
Entre esos nombres, sorprenderá el de Ana Castro al frente
de la Rama Femenina. Es que "Monona”, como se la conoce entre los militantes,
representa muchas cosas. Por su larga militancia, por su participación efectiva
en distintas luchas políticas en las que el peronismo se embarco en las últimas
décadas, y claro, por su condición de mujer y de origen humilde, representa a
ese ciento de personas en general, y mujeres particularmente, que tuvieron un papel relevante en esas
distintas etapas de esa historia reciente y de las que muchos nuevos peronistas
desconocen.
Monona Castro es ejemplo y paradigma de esas cientos de
personas sepultadas a través del silenciamiento y la marginación partidaria,
que se potencio a partir de las últimas selecciones ilegitimas de las
autoridades del peronismo catamarqueño.
En lo que respecta a la cuestión de género, está de moda la
lucha de las mujeres por obtener un trato igualitario al que reciben los
hombres, y en ese sentido podría decirse que hubo un machismo que borró
prácticamente a esas mujeres de la particular historia peronista local.
Para esas mujeres, aunque también para muchos peronistas de
a pie, no hubo con el paso del tiempo compensación alguna y quizás esta
selección de Monona al frente de la Rama, que dicen, hay que achacársela
enteramente a Lucia Corpacci, tenga ese valor.
Ojala que sea así, porque seguramente si Evita viviera se
alegraría de ese significado, ni hablar de los tantos peronistas de alma
que se alegran por este reconocimiento.