La visión de la gente está conformada por una simple visión
de la realidad cotidiana, y mientras se conoce que Catamarca crece, y se sabe
de las otras e inclusión de todos los rincones de la provincia, las personas
comparan: en todos lados, menos en
Andalgalá, porque, entre muchas cosas, cada vez que la jefa de estado vino a la
ciudad, se pusieron en movimiento los batallones rentados por el municipio,
para generar violencia, en sus intentos de mostrar que en esta ciudad no hay
"paz social”, al menos en los términos que esta gente la concibe.
No se trata, al parecer de diferencias de banderías
políticas, ni siquiera se trata de política, porque lo que Páez y compañía
hacen no es política, considerada ésta como "el arte de gobernar a los
pueblos”, gobernar como conducir, guiar, y no como humillar, someter, cautivar,
despersonalizar.
Y como "arte”, no cualquiera puede, solamente aquellos
tocados por el dedo de Dios, porque como todo arte, la política debe proponer y
producir la transformación de los pueblos en su destino de trascendencia.
A nadie le cabe que Dios haya tocado a Páez, a partir de
observar su conducta errática y su fragilidad emocional que le hizo perder el
rumbo, si es que alguna vez tuvo alguno.
A partir del 10 de diciembre de este año, se iniciará una
nueva etapa en la vida institucional de los pueblos, y nuevas expectativas se
generan día a día en el seno de la comunidad que está pidiendo un cambio en la
conducción del gobierno local, aunque desde su interior, el esquema municipal
parezca invencible, la gente opina que no es tan así, y espera el momento para
marcar el nuevo rumbo que anhela.
Esta nota pareciera ser de opinión, pero se trata solamente
del eco de las voces de la calle que cada vez se hacen sentir con más fuerza,
vigor y convicción.