La diputada Marita Colombo viene siendo candidata desde
siempre, además de los numerosos cargos que ocupó en los gobiernos castillistas
de Arnoldo y Oscar Castillo.
Marita, médica de profesión, fue todo, siempre ocupando los
primeros planos de la política. Fue subsecretaria, ministra, legisladora
provincial, legisladora nacional y los últimos cuatro años recaló en la Legislatura
local, que la cobijó salarialmente, a ella y su familia claro.
Pero esta elección que viene Marita no será candidata a
nada. Una verdadera rareza en la democracia local, lo más raro que resultó de
la presentación de listas para las PASO de agosto próximo. Más incluso que las
piruetas de Luis Barrionuevo o las del mismo radicalismo local.
A fuerza de ser sinceros, hay que decir que no está claro si
lo de Marita tiene el valor de una pérdida o de un triunfo del sistema
democrático.
Marita es dueña de un discurso bastante convincente, lo que cualquier
filósofo plantearía en términos de cuestionamiento que se trata de pura
sustancia imaginaria, nada más. Nada de ideología, nada de proyecto, nada de
votos, nada de estrategia, nada de visión a largo plazo; nada, nada de nada.
Usted, señor lector, podría preguntarse cómo es posible que
le fuera tan bien, tantos años, a esta particular dirigente con tantas
carencias.
Para comprender tantos años de racha hay que reconocer que
Marita no es más ni menos que cualquier dirigente local, que se caracterizan no
por sus cualidades sino por su desarrollado instinto de supervivencia. En eso
ella, es toda una campeona, lástima que a la provincia eso nada la beneficie.