El PRO y sus aliados radicales decidieron iniciar una nueva etapa en su campaña. Esos cambios pudieron verse tras cada derrota sufrida en la previa a octubre próximo. Se abstuvieron del respeto a la voluntad popular y privilegiaron el escándalo; es que para llegar al poder se necesita una transfiguración mas desafiante. No existen ya la posibilidad de los golpes militares, los de mercados y está por verse como resultan los mediáticos.
Lo sucedido las últimas horas en la provincia de Tucumán da cuenta de ese viraje político de la gente enrolada en Cambiemos, en la Nación y en Catamarca claro.
El peronismo con Juan Manzur le sacó 15 puntos al candidato radical José Cano, quien sin reconocer la derrota denunció fraude y pidió que se realicen de nuevo los comicios en medio de un caos organizado previamente con quemas de urnas y manifestaciones arengadas por el propio Mauricio Macri.
Esta estrategia es muy peligrosa para la democracia porque niega la voluntad popular y se niegan a sí mismos, al desconocer sus propios votos.
En los canales de la televisión nacional opositora se insiste con latiguillos que bien pensados carecen de sentido. "Las urnas llegaban el domingo con votos del oficialismo en su interior”, a lo que conviene preguntarse para que estaban los fiscales entonces que convalidaron el inicio normal del proceso. "Que se abran las urnas y se cuente voto a voto”, algo que se hace siempre cuando pasa cada elección. "Se quemaron urnas”, pero fueron los propios candidatos y militantes del PRO y la UCR los que iniciaron los desmanes.
El PRO y sus aliados radicales y massistas ya habían perdido en las urnas por un amplio margen en las recientes elecciones primarias presidenciales entonces no es sorpresa que el FPV y PJ ganen nuevamente. Además se sabe que Tucumán es una de las provincias que históricamente es peronista. Ya lo dijo Juan Domingo Perón: El justicialismo jamás perderá en Tucumán.
Tras el escándalo nacional
fraguado por la oposición por los resultados en Tucumán, volvió a instalarse el
debate acerca de la conveniencia de "una coalición amplia para refundar el
país”, lo que sería imprescindible desde luego, pero siempre haciendo eje en el
respeto a la voluntad popular expresada en las urnas, que es quizás la
principal crisis de la oposición.