El salvavidas para los intendentes, otro clásico de fin de año

Termina el año y más allá de los festejos por la Navidad y de la bienvenida al nuevo año, hay un clásico que se reitera desde hace varios años, vaya a saber cuántos.
lunes, 26 de diciembre de 2016 14:07
lunes, 26 de diciembre de 2016 14:07

Se trata del reclamo de los intendentes -sin excepción de color político, organización institucional, cantidad de habitantes- a la provincia para que los asista con fondos para el pago del medio aguinaldo y del denominado bono de fin de año.

Este clásico tiene sus propios condimentos: cortes de ruta en varios puntos del interior, quema de neumáticos, tránsito interrumpido, exabruptos de los gremialistas (algunos de la cuales ameritan pedido de detención) y, sobre todo, el peregrinar de los intendentes a Casa de Gobierno, pidiendo "una ayudita para pagar”.

Y ahí va otra vez el Gobierno provincial, echando mano al Fondo de Emergencia Municipal, el mismo que fue creado para financiar situaciones de emergencias y desequilibrios financieros de carácter transitorios.

Es decir, motivos más que justificados. No es que el pago del medio aguinaldo y del bono no sean importantes, pero en realidad ninguno de los dos responden al leitmotiv de la creación del Fondo.

Así, para cerrar el año en paz, la Comisión de Participación Municipal –órgano encargado de administrar el FEM-, dispuso asistir a 35 comunas con partidas no reintegrables, pero con una novedad: se acordó gratificar a aquellos municipios que no tienen comprometida su coparticipación para el pago de sueldos. Es decir, "se premiará la conducta de los municipios que no han incorporado tanto personal”, a decir del subsecretario de Asuntos Municipales, Gustavo Aguirre. No obstante, claro está, los más comprometidos tendrán un aporte extraordinario y así nadie tiene que salir a sofocar incendios en las últimas horas del año que se va.

El problema es que el tema de fondo sigue sin resolverse. Y es nada más y nada menos que la mala administración de las comunas, el despilfarro de algunos intendentes, el desmanejo de las cuentas municipales.

A nadie escapa que este año no fue uno de los mejores. Los fondos nacionales no llegaron como se esperaba, hay un parate de la obra pública y un reacomodar de la economía de nunca acabar.

Pero más allá de los factores externos, que son ciertos y de peso, la realidad es que los intendentes –al menos muchos de ellos- nunca fueron muy prolijos y proclives a las cuentas claras, a evitar el facilismo del empleo público, a acomodar el cuerpo en tiempos de crisis, a vivir con lo propio y solicitar asistencia solo en casos de emergencia.

Al fin y al cabo, por más premios y castigos que se pretendan aplicar, la provincia siempre está ahí para asistirlos en nombre de la paz social y del derecho innegable de los municipales, a percibir sus haberes, más en tiempos de celebraciones religiosas. Los intendentes lo saben.

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