Efectivamente, en un contexto de despidos, desocupación y
hambre, las familias se las tienen que ingeniar para poder sobrevivir, al menos
hasta que lleguen tiempos mejores.
Muchos esperan que la actividad minera se reactive
rápidamente a partir de las decisiones que deberá tomar el gobierno provincial,
pero mientras tanto, ya son muchas las personas que se dedican a la manufactura
de pan casero, facturas y otras exquisiteces, artículos que son pregonados
todas las tardes en las calles de Andalgalá. Otro grupo ofrece comidas caseras a
través de Facebook, y confecciones o arreglos de ropa.
La cuestión es sobrevivir, considerando que el Estado está
agotado y que indudablemente no hay lugar para todos, y que la actividad
privada es prácticamente nula.
Ante ello, el ingenio popular es variado en un proceso de
interacción altamente beneficioso para los emprendedores, como para los destinatarios
de esos productos.