Nuestra patria cumple hoy 200 años de vida independiente. Independencia adquirida con el valor y sacrificio de muchos hombres,que dejaron de lado cualquier tipo de aspiraciones personales y discrepancias tras un objetivo superior…lograr la emancipación de los pueblos de la metrópolis Española.
La Revolución de Mayo, de la que celebramos jubilosamente el Bicentenario, había abierto el camino para que se sumasen el resto de las ciudades -luego provincias- de lo que posteriormente sería Argentina y así, once que hoy son las capitales provinciales, más cuatro del entonces Alto Perú aceptaron y firmaron el Acta. Sólo las del litoral y la Banda Oriental (hoy Uruguay) no lo hicieron. Aquel martes 9 de Julio de 1816, a partir de las dos de la tarde y bajo la presidencia del representante sanjuanino don Francisco Narciso Laprida, el Congreso concluía con la redacción de la famosa Acta de la Independencia. Era en sí misma la concreción de un acto de coraje, como lo llama Félix Luna, porque las circunstancias así lo determinaban, dado que como el mismo historiador nos explica: "En el norte del continente, Bolívar había sido derrotado. Chile estaba nuevamente en manos de los realistas. Los españoles amenazaban Salta y Jujuy y apenas si eran contenidos por las guerrillas de Güemes. Para empeorarlo todo, Fernando VII había recuperado el trono de España y se preparaba una gran expedición cuyo destino sería el Río de la Plata. La Banda Oriental estaba virtualmente ocupada por los portugueses. Y en Europa prevalecía la Santa Alianza, contraria a las ideas republicanas. En ese momento crítico los argentinos decidimos declararnos independientes. Fue un gran compromiso, el rechazo valiente de una realidad adversa. Era empezar la primera navegación de un país independiente, sin atender las borrascas ni los riesgos. Un acto de coraje”. Aquel documento, firmado por 29 congresales, también tuvo en las permanentes demandas del entonces Gobernador Militar de Mendoza, el Gral. Don José de San Martín, a un protagonista trascendente, dado que lo consideraba indispensable y fundamental para su plan de libertar el resto de los pueblos de la América del Sur, en medio de la ya citada adversidad internacional.
Cuando una Nación recuerda el pasado compartido lo hace tanto desde la mente como desde el corazón. Y hoy, justamente hoy, a 200 años de la declaración de nuestra Independencia se nos propone un festejo sin pasado. Un festejo que en palabras del secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis, debe ser un festejo "que se proyecte hacia el país que podemos ser más que al que fuimos”, una conmemoración que vuelve la espalda al pasado, que ignora parte del patrimonio que hemos recibido en herencia desde nuestra independencia. Patrimonio e independencia que se consolidan o se mancillan según sea nuestra conducta como ciudadanos y como sociedad. Si somos fieles a la verdad, a los valores que recibimos en herencia y cumplidores de la palabra empeñada, no hay nada que temer.
Nuestra fiesta debería ser celebrada por todos sin reservas, sin angustias y sin rencores…una fiesta que reivindique los valores y el coraje de aquellos que nos precedieron en la tarea de construir la Patria… una fiesta que ponga en valor aquellos ideales de quienes nos dieron un origen y un lugar como Estado en el concierto de las naciones de mundo… una fiesta que nos permita preservar nuestros logros y nos proponga pensar en corregir nuestras carencias.
¿Cómo pensar en todo aquello, si desde la Presidencia de la Nación invitan a esta conmemoración tan cara a los sentimientos de los argentinos al Rey de España? ¡Tamaña contradicción Señores! ¡Invitar a quién representa el poder que nos sumió durante siglos, que nos saqueó de la manera más vil, que ha sido responsable del mayor genocidio cometido en nuestra América!...No se trata aquí de rencor, sino más bien de una deuda Histórica que España nunca reconoció ni reparó...
Esta Argentina de hoy, este pueblo que celebra sus 200 años de vida como Nación independiente, no puede relegar ni desprenderse de ese legado, aunque padezca períodos de temor y desorientación, aunque se yerre mientras se avanza, siempre nos debe guiar la voz de la libertad, de la dignidad humana, de la responsabilidad ante nosotros mismos. Ni azares sorpresivos, ni quebrantos accidentales, ni crisis ni temor alguno, pueden torcer su destino ni apagar su fecunda vocación de grandeza, mientras respaldados en la historia, se conserve la fe en el porvenir.
Procuremos todos, con nuestra conducta, ser custodios ejemplares del coraje de los hombres que hicieron posible nuestra nación, responsabilidad que alcanza muy especialmente a todos los que asumen roles dirigenciales en todos los ámbitos, en tanto líderes y modelos de comportamiento para la sociedad.
Sepamos responder con generosidad al desafío de hacer de nuestra patria todo lo que aquellos hombres de 1816 vislumbraron con fervor patriótico.
Hoy nos toca a nosotros llevar adelante ese "Acto de Coraje”.
GENERACIÓN INTERMEDIA - PARTIDO JUSTICIALISTA