En efecto, la noche del 16 de septiembre de 1976, en la
ciudad de La Plata, secuestraron a estudiantes secundarios de entre 16 y 18
años, a los que torturaron y asesinaron en el marco de la represión genocida de
la última dictadura cívico-militar argentina.
Palabras del legislador:
"El 16 de Septiembre se cumplen 40 años de la llamada noche de los lápices. La
crueldad no tenía límites en aquella Argentina ocupada en 1976, esto estaba
lejos para ser un efecto para los usurpadores del poder y sus socios civiles.
Para fin del año 1976 había miles de muertos y desaparecidos
más, los militares ya no darían marcha atrás, tenían las manos demasiadas
empapadas en sangre. El General Presidente de facto, Rafael Videla, quiso
convertir aquella masacre en una incógnita declarando que el desaparecido no
tiene entidad, no está muerto ni vivo, está desaparecido. La elección de la
palabra no es aleatoria, es perversa en boca del verdugo que no tenía ninguna
duda sobre el destino de los prisioneros político y exhibía en publico el
terrible método elegido para atormentar aún más a los familiares, crear la
incógnita sobre el destino de su ser querido.
En aquel panorama, la represión en los colegios secundarios
fue muy dura, y apuntó a terminar con un alto nivel de participación política
de los jóvenes en los centros de estudiantes y en las agrupaciones política.
Tanto fue que en la actualidad a lo largo de la extensión de
nuestra geografía argentina que hoy muchos colegios secundarios tienen placas
conmemorativas de sus alumnos desaparecidos.
El hecho emblemático, didáctico de aquel terrorismo de
Estado fue el que pasó a la historia como "la noche de los lápices. La noche
del 16 de Septiembre de 1976, el 21 aniversario del derrocamiento del primer
peronismo por la revolución fusiladora, en la que fue secuestrado un grupo de
jóvenes militantes secundarios de la ciudad de La Plata y alrededores. La que
había sido ciudad Eva Perón ahora era el reino del Gral. Ibérico Saint James,
autor literario de la inolvidable frase, "Primero mataremos a todos los
subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a
los indiferentes y por ultimo a los tímidos”. En la corte de Saint James,
había personajes de la talla del Gral.
Camps y su mano derecha el Comisario Miguel Etchecolatz, fueron ellos los
responsables directos de secuestro, tortura muerte de los jóvenes, la mayoría de ellos provenía de hogares de clase media. No tenían
problemas en pagar el boleto de colectivo pero sabían que habían muchos de
compañeros que no, ya que a esa corta edad tenían antigüedad en su labor como
militantes y tenían claro que había que conseguir el boleto estudiantil para todos,
es así que comenzaron a organizarse en cada colegio, del colegio al barrio y
nació así la coordinadora de estudiantes secundarios.
Recuerda Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de aquel
horror, hay un documento de la jefatura de la Provincia de Buenos Aires que se
llamaba específicamente "La noche de los lápices”, Ese documento, firmado por
un comisario mayor Fernández, en ese momento asesor del Consejo del general
Camps y Etchecolatz, hablaba de que luego de desarticulados política e
ideológicamente los sectores "subversivos” como universitarios, barriales,
trabajadores, la piedra angular eran los "potenciales subversivos”, que eran
los estudiantes secundarios que eran líderes en sus escuelas. Ellos hablaban de
"semillero”, de "potenciales subversivos”.
Los jóvenes secuestrados en aquella "Noche de los Lápices”
fueron arrancados de sus casas en la
madrugada y llevados a la división cuatrerismo de la policía bonaerense donde
funcionaba el centro de clandestino de detención conocido como "Arana”, de allí
pasaron a la división de investigaciones de Banfield tristemente célebre como
"El pozo de Banfield”, allí padecieron
de tortura, simulacro de fusilamiento y el vano intento de imponerles otra
mentalidad, la forma correcta de procesar aquel país y procesarlo tal cual era
en 1976, un país atendido por sus dueños. Tuvieron su cuerpo pero no su
obediencia.
Las Victimas, Fueron Claudio De Acha, Gustavo Calotti, María
Clara Ciocchini , Pablo Díaz, María Claudia Falcone, Francisco López Mutaner,
Patricia Miranda, Emilce Baner, Daniel Racedo, Horacio Ungaro, todos jóvenes
entre 16 y 18, para quien el mejor homenaje
sea decirles que hoy sus lápices siguen escribiendo”.