Según trascendió, Ferreyra planteo al obispo el riesgo de
que las nuevas generaciones de jóvenes -nativos de la era digital- vayan
perdiendo a lo largo del tiempo el legado y la trayectoria del orador de la
constitución, por lo que considero estar a tiempo de impulsar políticas
culturales para poner en valor nuevamente todo el acervo cultural y religioso
legado por Fray Mamerto Esquiú y fortalecer la causa en pos de su canonización
y beatificación.
El proceso de beatificación de Fray Mamerto Esquiú se inició
en Córdoba en 1926 y concluyó en 1946, cuando teólogos de la Congregación de
Ritos plantearon objeciones, por lo que la causa fue archivada. Manuel Río,
embajador ante la Santa Sede, oriundo de la provincia de Córdoba donde Fray
Mamerto Esquiú fue Obispo, se encargó re encausar la causa.
Manuel Río realizó reiteradas peticiones al Papa Pío XII y
presentó documentos ante los dicasterios pontificios, que decretaron la
continuación del proceso. Lo decidido por la Sagrada Congregación de Ritos fue
ratificado por el Santo Padre y Esquiú fue denominado Siervo de Dios.
El fray Jorge Martínez, continuó con la causa de
beatificación, quien confirmó que desde 1979 la causa se encontraba
prácticamente detenida. El 16 de diciembre de 2006, el papa Benedicto XVI
aprobó la heroicidad de las virtudes de Esquiú y lo declaró Venerable.