Esto para no lamentar después los desencuentros como los que
están sufriendo los votantes del peronismo andalgalense ante la inconducta
partidaria y la incoherencia institucional de los concejales Guerrero, Némer y
Álvarez.
Estos ediles, a poco de ser elegidos, se convirtieron en
alfiles-sirvientes-obsecuentes del intendente Alejandro Páez y su imponderable
ladero José Cativa.
Propios y extraños reconocen el enorme vacío legal existente
en lo referente a que las bancas legislativas obtenidas por los candidatos
pertenecen al partido que los nomina y no a ellos, en su calidad de meros
representantes y voceros de la ideología, la metodología y de la articulación
partidaria en procura del bien común, por encima de intereses y necesidades
personales.
Para solucionar este tema, que cada vez se presta más para
el abuso y la confusión, los legisladores deben ponerse a trabajar y determinar
mediante leyes, a quién pertenecen las bancas; a los hombres o a los partidos,
de ese modo se darán cuenta del enorme ahorro que significa el impedimento para
formar tantos bloques unipersonales.
Estima la gente que para ser candidato, el nominado debe
brindar mínimas garantías de lealtad al partido y al conjunto de personas que
confían en su gestión. Deben ser hombres y mujeres probos, con alguna
preparación institucional, sin demasiados "problemas de olla”, ni otras
urgencias económicas, y con pocos hijos-hermanos-parientes-amigos en desgracia
para quienes, el Estado es su tabla de salvación.