Cualquier
maniaco al Facebook busca sumar "Me Gusta” porque se interpreta que le cuesta
recibir el placer de la comunicación en vivo y en directo, de las relaciones
reales con otras personas, para lo cual se requieren esfuerzos emocionales:
conocer a la gente, escoger maneras de comunicación, experimentar el miedo al
posible rechazo, tomar riesgos, etc.
Si estos
esfuerzos son demasiado estresantes, las personas buscan maneras rápidas que
permitan satisfacer su necesidad de recibir esas especies de caricias
emocionales que son los "Me Gusta”.
Claro, el
peligro de las satisfacciones rápidas de relaciones al voleo radica en el hecho
de que las personas pueden engancharse a modos fáciles de comunicación que
empiezan a sustituir a la vida real.
Algo de esta
rara afección debe estar sufriendo en silencio la diputada radical Silvana
Carrizo, que decidida a trascender políticamente se animó a sortear asado y vino para los que le de un "Me
Gusta”.
Si Carrizo
fuera una adolescente enamorada no debería interpretarse como muy grave el deseo
de recibir "Me Gusta”, porque está probado que mejoran el autoestima de
cualquier personas o por lo menos las hacen sentirse mejor.
El problema
es que Silvana Carrizo es una persona adulta, al menos eso se cree, y encima
diputada!
La pérdida
del control de una actividad es una de las señales claves que delata una
adicción; sortear asado y vino para recibir muchos "Me Gusta” delatan que no
hay mucho freno, una adicción lo que se dice.
Evidentemente
la comunicación en las redes sociales se le está convirtiendo en una adicción a
la diputada, que recurre a cualquier artilugio por más "Me Gusta”, porque la
falta de los mismos no solo parece que la desconciertan sino que también la
desestabilizan.