Las PASO arrojaron dos importantes conclusiones a los
estrategas del macrismo: que para mejorar la performance en octubre próximo
deben presentarse como la única opción política al kirchnerismo bajo la marca
Cambiemos y nacionalizar las disputas provinciales.
En el macrismo aseguran que hubo varias provincias del país
en las que los sorpresivos triunfos se explican con el antikirchnerismo de
muchos sectores sociales; Córdoba, La Pampa, Buenos Aires ciudad o la mismísima
provincia de Buenos Aires, donde creen mejorarán los resultados al explotar al
máximo la "grieta”.
Tal cual se lo plantea, la estrategia macrista funcionaría
si las elecciones provinciales de octubre se polarizan entre oficialismo y
oposición, entre kirchnerismo y antikerchnerismo, o lo que es lo mismo, entre
macrismo y kirchnerismo.
Pero la estrategia chocaría con un inconveniente en las
provincias donde el kirchnerismo puro y duro no comparte lista con los
oficialismos provinciales; como ocurre en Catamarca, donde la propuesta
kirchnerista la encabezan Nilda Escotorín y Hugo "Grillo” Ávila, pero la boleta
a la que quiere derrotar la Casa Rosada es la encabezada por Gustavo Saadi y
Isauro "Taro” Molina.
Se podría sostener entonces que en la medida en que la
publicidad de Unidad Ciudadana catamarqueña insista en que Lucia Corpacci
abandonó a Cristina Fernández de Kirchner (eso resaltaban los spots que se
escucharon previamente a las PASO), se cancelan las posibilidades de que la
boleta que encabeza Eduardo Brizuela del Moral, el candidato del presidente
Macri, mejore sus chances en octubre.
Eso sin contar con los problemas internos del radicalismo
local, que son muchos y que plantean una contradicción flagrante con el
espíritu de Cambiemos.