No solo lo cuestionan dirigentes, funcionarios y legisladores enrolados en el peronismo, sino que ahora se sumaron otros ministros de la Corte, provenientes también de la militancia política del FCS, y lo más increíble: hasta parientes del pintoresco “Pepe”.
El ministro de la Corte de Justicia provincial José Cáceres no para de recibir malas noticias. A los cuestionamientos formales e informales por su permanencia irregular en el máximo tribunal de justicia de parte de dirigentes, funcionarios y legisladores enrolados en el peronismo, ahora se sumaron también los de otros ministros de la Corte de Justicia, provenientes como él también de la militancia política del FCS, y lo más increíble: hasta parientes designados en la Justicia.
A algunos planteos hechos por Cáceres, sobre el proceso para la designación de jueces, el Consejo de la Magistratura los desestimó con argumentaciones por demás fuertes.
Para el Consejo, "al no particularizar (Cáceres) ninguna petición en concreto, se erige en un mero libelo con un oscuro intento deslegitimador del procedimiento legal utilizado para la convocatoria y realización de los concursos de antecedentes y oposición al solo efecto de colocar bajo un manto de sospecha la ecuanimidad, transparencia y legalidad de los actos cumplidos".
Pero lo más llamativo de la dura respuesta para el pintoresco “Pepe” Cáceres, son los firmantes de la misma. Nadie puede sorprenderse que los firmantes de la dura respuesta sean Cecilia Guerrero o Pablo Gallardo, que responden al Poder Ejecutivo, pero sí sorprende que estampen sus firmas Luis Cipitelli, Vilma Molina, Jorge Sosa o un Luis Guillamondegui.
Molina es ministra de la Corte, o sea una par de Cáceres; Cipitelli también integra la Corte, pero además proviene como Cáceres del mismísimo FCS. Jorge Sosa es un diputado radical provincial enrolado en la Renovación brizuelista. Y Luis Guillamondegui es pariente de Cáceres.
Al considerarse esos llamativos firmantes, cabría la interpretación de los cuestionadores peronistas de que el objetivo final pretendido por el ministro Cáceres en la Justicia provincial sea la tiranía.
Esa interpretación es consecuente con los motivos que en su momento llevaron a algunas personas a asestarle golpes asesinos al emperador Julio Cesar, cuando según Shakespeare inmortalizó la célebre frase: ¿Tú también, Brutus?
En defensa del pobre Caceres podría decirse que las razones de los traidores para asesinarlo a Julio Cesar no solo eran sus rastreras ambiciones, sino, ante todo, las fantasías que los asesinos se hicieron y alimentaron sobre el futuro del Imperio, judicial en este caso.
Vaya uno a saber cómo serán las cosas y las verdaderas intenciones de cada uno de los actores de esta novela provincial, lo que es fácil advertir que “Pepe” Cáceres tendrá muchos más problemas en el futuro.