El oficialismo debe lidiar con la Renovación que ya se lanzó con miras al 2019. Todos en el peronismo saben que lo del complejo Carrazana se trata de una movida para comenzar a negociar posiciones o expectativas no cumplidas. Lo hicieron antes, lo hacen ahora y lo harán siempre.
En la oposición, contrariamente a lo que sucede en el FPV, el poder de fuego electoral lo tiene quienes sufren un destrato de los que menos votos tienen. En el Cambiemos provincial, los Manzi, los Molina, los Bazán, el PRO podría resumirse, cuestionan a la UCR, a los Castillo y hasta los intendentes, que son jefes territoriales.
Lo que se vive, o lo que se sufre, puertas adentro del oficialismo y de la oposición es lo que ahora se denomina “fuego amigo”. Es decir, la crítica política de los que se desacreditan solos. De los que insisten en mostrar una imagen que ya conocen los de dentro y pasan por glotones políticos ante los de fuera. Y, en consecuencia, contribuyen decisivamente a que aumente el apoyo a quienes dicen criticar.
¿Van a negociar?, si, van a obtener algo de lo que pretenden, fundamentalmente porque quienes tienen el sartén por el mango necesitan legitimar algunas decisiones propias y eso se logra con el apoyo de críticos a una lista de unidad fraudulenta.