Un hombre no lo hubiese hecho

Las elecciones del domingo 27 de octubre pusieron en evidencia la importancia de la mujer en la vida de la política argentina.
sábado, 2 de noviembre de 2019 11:30
sábado, 2 de noviembre de 2019 11:30

Cristina y Lucía, dos grandes protagonistas de la contienda electoral que con sus acciones reivindicaron el rol de la mujer en una escena dominada por los hombres.

Cristina y Lucía, las dos grandes ganadoras de la elección más allá del resultado que catapultó a Alberto Fernández y a Raúl Jalil como Presidente de la Nación y Gobernador de Catamarca electos.

Cristina, pese a su histórico e importante peso electoral propio, tuvo la inteligencia necesaria de dar un paso al costado y postular a Alberto Fernández como candidato a Presidente.

Decisión trascendental que sirvió para unir al peronismo: volvió Massa y el resto de los gobernadores justicialistas (a excepción de Schiaretti y Urtubey) se encolumnó en el Frente de Todos.  

Estrategia pura, porque se sabe que al Peronismo unido es muy difícil derrotarlo en las urnas. Y Cristina acertó.

Lucía, por su parte, también fue trascendental para el triunfo del Frente de Todos en Catamarca.

Gestos de grandeza como el que tuvo, difícilmente se ven en la política vernácula.

Todas las encuestas le arrojaban una imagen y una intención de votos muy por encima del resto de los candidatos.

Sin embargo, y teniendo la posibilidad de presentarse a un tercer mandato, tal como lo habilita la actual Constitución de la Provincia, Corpacci tuvo la grandeza de ceder ese lugar a su natural sucesor: Raúl Jalil.

Es cierto que el intendente de la Capital y la Renovación Peronista muchas veces coquetearon con “cortarse solos” si Corpacci se presentaba a la re-re. Innumerables versiones dieron cuenta de un acercamiento y postulación de Jalil por Juntos por el Cambio. Es más, algunos dicen que esa jugada estuvo muy cerca de concretarse.

Pero Lucía, sabedora del derrotero pejotista en años de desunión y dominio del Frente Cívico y Social (FCS) tomó una decisión trascendental para la continuidad del proyecto político.

No sólo catapultó a Jalil como postulante al sillón de Avellaneda y Tula, sino que además designó al ministro de Obras Públicas, Rubén Dusso, como candidato a vice.

Dusso no se caracteriza por ser un político de raza. Es más bien reservado, de perfil bajo, reacio a hablar en público. Con la prensa nunca tuvo la mejor de las relaciones y su imagen pública siempre fue, quizá, su aspecto más negativo.

Pero, con todo ello en contra, nadie puede negar que Dusso es Corpacci. Es, probablemente, unos de los exponentes más representantivos del corpacismo puro. Y la gobernadora siempre se encargó de demostrarlo, aún pese a las denuncias que lo vincularon muchas veces con la corrupción en la obra pública. Denuncias de las que fue "total y definitivamente" sobreseído, tal como lo resolvió la Justicia Federal. 

En definitiva, nadie mejor que Dusso para traccionar el voto del corpacismo de paladar negro, en una lista encabezada por Jalil.

Cristina y Lucía, las dos grandes ganadoras.

Difícilmente nada de lo que sucedió el domingo pasado, hubiese ocurrido sin las decisiones que ambas supieron tomar en el momento justo.

Decisiones que, un hombre no hubiese sabido ni querido tomar.

Julio César Ledesma

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