Los audios de la charla entre el diputado castillista Víctor “Gato” Luna y el titular regional de ANSES, Fernando Corrales Ávila, terminaron en un escándalo. Ayer explotó en la Legislatura, pero la desconfianza en Juntos para el Cambio continuará hasta no se sabe cuándo, quizás para siempre.
Es que antes nunca hubo una relación armoniosa en el matrimonio político entre radicales y defensores de la Rosada, lo que se agravó la última semana, cuando la gente del PRO fue borrada totalmente de la lista de precandidatos para las PASO, lo que supone un futuro complicado para el conjunto de la oposición local.
Si el Frente de Todos hubiera planificado esta catástrofe que se vive en Juntos para el Cambio, seguro que no le hubiera salido tan bien. Hay quienes dicen por ahí que hay quienes cobraron, al contado claro, como enseñaba Don Vicente, para enrarecerlo todo.
Pero de lo que se habla poco, al menos en voz alta, es de la duda sobre quién grabó a quién, Luna a Corrales Ávila o Corrales Ávila a Luna; y con qué intención.
Obvio que en el radicalismo preocupa más esta cuestión que lo que dijo Luna sobre la “institucionalidad”. A los defensores de la Casa Rosada, tal vez por despecho, los divierte la cuestión, quedó claramente expuesto de lo que es capaz el castillismo, por si alguien tenía dudas.
Todos acusan a todos; pero nadie aclara nada. Todo está así de caliente en la oposición que debe encarar pronto un proceso electoral difícil, como todo en los que se pone en juego la gobernación y todo el poder real.
La única certeza en la oposición es, precisamente, que no existe ninguna certeza sobre el presente y menos, sobre el futuro.