Podrá decirse que la lealtad principal de los militantes políticos debe ser para con los ciudadanos y la Constitución. En el peronismo se dice: “primero la Patria, luego el movimiento y por último los hombres”; pero casi siempre ese orden de las lealtades es alterado por la militancia.
El cúmulo de esas lealtades, sirve de soporte a cualquier gobierno que aspira a lograr un período de gracia si es nuevo, o de larga paz política para mantenerse en el poder.
Pero nada de todo eso parece estar pasando en el nuevo gobierno provincial, aunque no se lo diga, hay desconfianza.
La desconfianza surgió en el minuto cero; hubo funcionarios designados que responden al equipo de Lucia Corpacci. Otras designaciones respondían a compromisos con Luis Urbanc; otras a compromisos con Silvio Zitelli, y así todo.
Un funcionario designado confió en voz baja que “Lucía generaba lealtades, Raúl solo desconfianza”; es que su designación pasó varios filtros, y aunque no convencía, recién quedó firme cuando el intermediario se le plantó al mismísimo gobernador.
Quizás todo responda a un intento de aplicación del modelo empresarial a la práctica política. Sería lo que se conoce como “gestión por resultados”, que es un modelo de administración de los recursos públicos centrado en el cumplimiento de las acciones estratégicas definidas en el plan de gobierno. Aunque claro, para eso tiene que haber un plan y un equipo convencido, no desconfiado.