Así, se lo viene pidiendo la oposición política desde sus más variadas vertientes, con distintas solicitadas y formas de expresión, hasta con apoyo nacional, coincidiendo aparentemente por arriba, aunque reservándose matreras zancadillas, por intereses sectoriales y/o hasta personales, que riegan de desconfianzas y dudas sus maniobras y procederes.
En elevados tonos, puntualmente, solicitan el veto para el aumento de dos jueces en la Corte Justicia de la provincia y la eliminación del Consejo de la Magistratura.
En la prensa escrita se describe a un Oscar Castillo, como enfurecido (¿?), con "su olfato característico acaudillando la resistencia...", independientemente del "diálogo político que pudiera tener con el gobierno", sin mencionar el encuentro del senador nacional radical, como anfitrión del gobernador Jalil, en una bucólica siesta ancasteña, un día antes que los legisladores peronistas resolvieran "encerrar a la sociedad para violentar la democracia", según los exaltados textos de los ofuscados "cambistas" (por Cambiemos o Juntos por Cambio; no piese mal, ni imagine otras rarezas).
¿Qué tiene de malo? No sé por qué ocultarlo, si hasta el presidente del Bloque de la UCR, el diputado Víctor Luna, ferviente "castillista", lo admitió, señalando que “debería ser moneda corriente, que los exgobernadores sean visitados por quienes gobiernan”.
Como también lo reconoció el "frentetodista" Daniel Lavatelli, remarcando la conocida aptitud "para los diálogos y los acuerdos" de Castillo, heredada de su padre Don Arnoldo, y hasta demostrable con hechos ya tamizados por la historia como el alineamiento con el proceso de reorganzación nacional y la dictadura militar de Videla, para asumir la intendencia y la gobernación en un sangriento período de facto, o los pactos con Menem para intervenir primero la Justicia y seguidamente la Provincia, con el propósito de excluir al peronismo del gobierno de Catamarca.
Pero al margen de estas consideraciones, ni Augusto Barros, ni Lavatelli, o Armando Zabaleta, por citar a algunos de los diputados autores de algunas de las iniciativas aprobadas la semana anterior, son loquitos sueltos, ni desmadrados pensadores que se escaparon del control de Jalil, para que ahora el gobernador los desautorice vetando sus consumadas iniciativas.
Pretender y hasta siquiera imaginar eso sería pecar de ingenuos o de ocultadas vivezas con una cuidada puesta en escena para la "gilada".
Este pensamiento no es patrimonio del autor de estas líneas; lo leí en las reacciones de los lectores al alegato justificador de Luna.
"Desconfío. Muchos años de hacer perder y destruir al radicalismo por quedarse en un cargo...", comentó uno de ellos.
Otro, más perspicaz, le apuntó: "Suficiente Luna..., muy clarito lo que explica. Le hago una pregunta..., ¿va a ser uno y uno?", en alusión a los futuros destinatarios de las dos poltronas recién creadas en el recinto de la Corte. Y remataba: "No los hagan quedar como tontos a sus colegas, escuché a JF (sería Juana Fernández, entiendo) por radio VV. Sentí vergüenza ajena, no puedo decir que negociaron con el diablo, actúan en consonancia".
La gente ya se dio cuenta, por más que, impostadamente, se rasguen las vestiduras o despotriquen a los cuatro vientos...como tampoco habrá veto para suplir el triste papel que los opositores patentizaron con sus ausencias. ¿Después de todo, qué tiene de malo que un gobernador promulgue las leyes sancionadas por los legisladores?
Víctor "Paco" Uriarte