Desde muy joven puso su vida al servicio de la gente más necesitada generando, gestionando y a veces hasta inventando soluciones para llevar tranquilidad a hogares humildes, a organizaciones sociales y en general a quien acudía a ella con alguna necesidad, con alguna inquietud, con alguna carencia, con algún dolor.
Alguien dijo de ella que para reconocerla no necesitaba apellido, ni cargo. Era "Monona" a secas y con su trabajo se erigió en una referente popular a la que se podía acudir y en quien se podía confiar, que caminó cada rincón de la Capital y no dejó terruño del interior sin pisar llevando su mensaje claro y honesto.
Transformó su casa en su cuartel de lucha. Allí la encontrabas siempre presta a diseñar estrategias que le permitan brindar respuestas. Era punto de reunión de militantes, lugar de encuentro de mujeres peronistas y de funcionarios, dirigentes y militantes que reconocían su trabajo y demostraban su respeto, de la misma forma que sus adversarios políticos.
Dueña de una habilidad asombrosa para debatir desde el respeto lo que le permitía convencer desde sus convicciones, sin desvalorizar ni faltar el respeto a su oponente se transformó en una voz autorizada del PJ, valorada por sus conocimientos, reconocida por sus condiciones y respetada por su experiencia.
Sagaz, inteligente y ávida de saber leía, se preparaba y se apoyaba en su gran sensibilidad para reconocer las necesidades y analizar las posibilidades que existían para cambiar realidades.
En 1983 celebró el retorno a la democracia como el punto de inflexión para volver a soñar con una patria justa, libre y soberana. Su pasión siempre estuvo al servicio del pueblo y ocupó diversos cargos en los que, siempre, la asistencia social, la aspiración a mejorar las condiciones de vida fueron el eje sobre el que giraban sus preocupaciones.
Su madre, Isabel, una respetada dirigente peronista supo transmitirle en su sangre su convicción, su entrega y el amor leal por el Partido Justicialista por el que militó, sufrió y vibró.
Fue Diputada provincial, Congresal del PJ, y finalmente, en un merecido reconocimiento a una vida en la honró y transmitió la importancia de abrazar la militancia, mediante el ejemplo, fue elegida Presidenta de la Rama Femenina del Partido Justicialista.
Hoy Monona dejó el mundo terrenal. Sin embargo su ejemplo, su impronta y su valor serán escuela para futuras generaciones.
Deja la vara muy alta lo cual supone un desafío para quienes se formaron, trabajaron y fueron testigos de la labor silenciosa pero efectiva de una mujer admirable.
Vuela alto Monona. Misión cumplida. Llegó el momento del descanso. Pero tú impronta será eterna entre quienes te conocieron y te admiran.
Por: Adriana Aballay