Según confirmó el Mando Aéreo “Oeste” de la Fuerza Aérea de Ucrania, el proyectil se desplazaba a una velocidad cercana a los 13.000 kilómetros por hora, es decir, unas diez veces la velocidad del sonido, lo que lo convierte en un arma de altísima capacidad destructiva y muy difícil de interceptar.
De acuerdo al comunicado oficial ucraniano, el misil siguió una trayectoria balística y su identificación definitiva se realizará una vez que se analicen los restos recuperados tras el impacto. No obstante, las características del vuelo coinciden con las del Oreshnik, un sistema que Rusia comenzó a exhibir públicamente en los últimos meses como parte de su disuasión estratégica.
El Oreshnik puede alcanzar velocidades hipersónicas y posee un rango que le permitiría llegar a cualquier punto de Europa, según afirmó el jefe de las fuerzas de misiles rusas. Moscú había difundido el mes pasado un video del supuesto despliegue del sistema en Bielorrusia, su aliado clave en la región, lo que ya había generado preocupación en la OTAN y en la Unión Europea.
Esta no es la primera vez que el arma es utilizada en combate. En noviembre de 2024, Rusia lanzó un misil Oreshnik contra la ciudad ucraniana de Dniéper, pese a que el sistema aún no se encontraba completamente desarrollado, marcando un punto de inflexión en el conflicto.
El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, advirtió este viernes que el ataque representa una amenaza directa para la seguridad continental. “Un ataque de este tipo cerca de la frontera de la UE y la OTAN es una grave amenaza para la seguridad en Europa y una prueba para la comunidad transatlántica”, escribió en la red social X.
Sybiha exigió “respuestas contundentes” frente a lo que calificó como acciones imprudentes de Moscú, en un contexto de máxima tensión diplomática y militar.
La versión de Moscú y las dudas de Washington
Desde el Kremlin justificaron el ataque como una represalia por un supuesto intento ucraniano de atacar una residencia del presidente Vladimir Putin el mes pasado. Sin embargo, esa versión fue puesta en duda por agencias de inteligencia occidentales. Según funcionarios estadounidenses, la CIA evaluó que Ucrania no tenía como objetivo una vivienda utilizada por el mandatario ruso.
La acusación rusa se conoció en paralelo a intensas negociaciones impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus enviados especiales, con el objetivo de avanzar hacia una salida diplomática al conflicto.
El ataque con el Oreshnik se produjo pocas horas después de que Moscú reiterara que cualquier contingente militar europeo desplegado en Ucrania como parte de un eventual acuerdo de paz será considerado un “objetivo legítimo”. Además, coincidió con la decisión de Estados Unidos de incautar un buque petrolero con bandera rusa, lo que elevó aún más la tensión entre las potencias.
Durante la noche del jueves, Rusia lanzó 36 misiles y 242 drones contra distintos puntos de Ucrania, según informó la Fuerza Aérea ucraniana, en una de las ofensivas más intensas de las últimas semanas.
El uso de un misil balístico de estas características no solo profundiza la escalada militar, sino que también envía una señal directa a Europa y a la OTAN: el conflicto sigue lejos de una resolución y el margen para una desescalada se reduce peligrosamente.