Anticipan la vuelta del plan Alconafta
La posibilidad de poner en marcha nuevamente el plan Alconafta frenado por el menemismo en los años 90, puso una luz de esperanza a la industria azucarera del NOA.
Este proyecto está incluido dentro del denominado Plan
Belgrano, que dirige el tucumano José Cano. El coordinador del Plan Belgrano
para el NEA-NOA, explicó que el objetivo es recuperar la rentabilidad de una
actividad de la que dependen miles de familias.
"La producción de energía en base a la caña es la única
alternativa para darle viabilidad al mercado. La idea es incorporar a los que
están fuera del programa bioetanol y que tengan participación en esos dos
puntos, tanto ingenios sin cupo de entrega como productores cañeros, en
especial”, explicó Cano quien de esta forma se refería al proyecto del
Ministerio de Energía y Minería Nacional, que busca incrementar de un 10% a un
12% del corte de alcohol, una medida reclamada para salir de la crisis actual
por toda la industria azucarera del NOA.
La industria azucarera atraviesa un estado de
"quebranto” debido al derrumbe del precio interno de la bolsa de azúcar de
50 kilos y la baja demanda internacional, situación que es más compleja para
los ingenios que no están dentro del plan de biocombustibles, que son sólo 5 de
los 15 ingenios.
Los que están dentro del plan reciben más de $ 300 por la
bolsa, mientras que una fábrica "azucarera” recibe menos de $ 200.
El texto normativo, que contemplará el esquema técnico del
aumento del corte de alcohol en las naftas, es elaborado ya en la cartera de
energía.
Tucumán fue pionera en el mundo en el desarrollo de los
biocombustibles y en desarrollo de alconaftas. En 1978, el gobernador de facto
de Tucumán Lino Domingo Montiel Forzano inició las acciones destinadas a
imponer el uso del alcohol en mezclas con naftas.
Para 1988 se habían incrementado las ventas de alcohol en un
122% respecto al promedio histórico de los 10 años anteriores al de su
lanzamiento en 1981.
Poco tiempo después Brasil comenzó con la producción de
alcohol para usarlo de combustibles en los automóviles nafteros, política que
mantuvo hasta la actualidad, lo que le permitió hacer crecer su alicaída
industria azucarera y redujo drásticamente la importación de petróleo.
En Argentina, el gobierno justicialista de Carlos Saúl Menem
lo desactivó a pedido de las firmas petroleras de Estados Unidos y frenó el
desarrollo propio de combustibles alternativos, campo en que Argentina fue
pionera.