Brizuela no institucionaliza su indignación

La semana pasada, Eduardo Brizuela del Moral sorprendió con la novedad de que "hay una dudosa connivencia con los que hacen el planteo, que son accionistas de la ex EDECAT”. Se refería a Augusto César Acuña del ENRE, pero hasta hoy, que se sepa, no presentó ninguna denuncia, ni tampoco inició alguna gestión para echarlo del ente. 

POLITICA

Cualquier parecido con un sainete derivado de la lengua filosa de cualquier ama de casa es pura casualidad. Este, está protagonizado por nada más, ni nada más, que el gobernador de la provincia, Eduardo Brizuela del Moral; que hasta la fecha no institucionaliza su indignación con Augusto César Acuña, a quien denunció de actuar en contra los intereses de la provincia.

Que se sepa, no hay iniciado trámite alguno en estrado judicial, Simón Fermín Hernández no da señales en ese sentido; pero tampoco, que se sepa, hay iniciado algún tramite administrativo para echarlo a Acuña del Ente, a donde llegó propuesto por el Poder Ejecutivo.

Nada. La indignación de Brizuela con Acuña, un consumado dirigente del radicalismo provincial, titular de la Línea Roja, evidentemente no se sustenta en hechos concretos, comprobables; eso puede inferirse de una acusación liviana contra alguien que se anima a denunciar que los errores que harán demorar varios meses mas las obras imprescindibles para el mejoramiento del sistema eléctrico es culpa íntegra de los funcionarios del gabinete provincial. “No se por qué carajo se enoja conmigo”, se quejó Acuña en declaraciones radiales hoy.

A esos funcionarios, acusados por Acuña, que como dice el dicho tribunalicio: a reconocimiento de parte, relevó de prueba (Acuña, a pesar de todo, es integrante del FCS), Brizuela del Moral no los hace responsable de nada, ni menos los acusa de algo. “Che no podemos ser tan bárbaros”, consideró Acuña por radio.

Como sea, Acuña no puede quedarse tranquilo por la inexistencia hasta hoy de alguna gestión en contra de su continuidad en el cargo que ocupa. Es que si hay alguna característica principalísima de esta gestión brizuelista es la demora, la dilación de los actos que el mismo gobierno reconoce le importan.

 

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