Castillo, desde las “urnas bien guardadas” a los tiempos del “fraude”
Tiene razón el Dr. Guillermo Rosales, el senador nacional Oscar Castillo es un consumado “oportunista”, aunque no solo por pretender agitar el “fantasma del fraude” después que surgieran las supuestas irregularidades electorales en la provincia de Tucumán, sino porque siendo un seguramente más impetuoso joven no se le conocieron expresiones de repudio, cuando en los días “dorados” de su padre Arnoldo al frente la gobernación de facto durante el “proceso”, el entonces dictador Leopoldo Fortunato Galtieri pronunció su tristemente célebre frase: “las urnas están bien guardadas”.
Esto ocurrió en 1981, cuando Galtieri, quien más tarde fracasaría en el intento de recuperar por la fuerza a las Islas Malvinas, estaba empecinado en el armado del "partido militar” con los civiles afines, entre los que contaba a Arnoldo Castillo, quien se había sumado rápidamente a la dictadura del "proceso”; primero como intendente de la Capital y entre el ’81 y el ’83 como mandatario de facto, declinando vergonzosamente su afiliación a la UCR para adherir a los estatutos del llamado "proceso de reorganización nacional”. Funciones para las cuales ya había tenido su "bautismo” como intendente capitalino, entre el ’71 y el ’73, durante la dictadura encabezada por Alejandro Agustín Lanusse.
Cuando Galtieri dijo que las "urnas estaban bien guardadas” y se negaba a convocar a elecciones populares para la normalización institucional de la República, el ahora senador nacional Oscar Castillo no era un niño, sino un joven de 27 años, que con su expectante reciente título de abogado colaboraba asistiendo a su padre Arnoldo al frente de la gobernación de facto. Y por más que, de vez en cuando, recuerde y desempolve su ahora olvidada militancia en "la coordinadora” de Renovación y Cambio (en la actualidad prefiere los cenaculos 'macristas') que orientaba el "Changui” Cáceres en los días de su estudiantina en Santa Fe, no existen registros de que "Oscarcito” haya protestado de ninguna manera frente al exabrupto antidemocrático del general Galtieri.
Al parecer no tenía objeciones de que las urnas estuvieran "bien guardadas”.
Sin embargo, y como advierte el Dr. Rosales, aparece "oportunamente” ahora, después de los mediatizados sucesos de Tucumán, pretendiendo parangonarlos con las supuestas "irregularidades padecidas" por el Frente Cívico y Social en las PASO del 9 de agosto último en Catamarca.
Apunta bien Rosales que después de "20 días y convalidada (las PASO de Catamarca) por sus propios fiscales, sus representantes legales y la Justicia Electoral Provincial”, sin haber hecho "antes ninguna manifestación relacionada a un fraude” en los comicios de nuestra provincia, Castillo surge desde su poltrona senatorial, sin exhibir la más mínima prueba, pretendiendo aventar su versión de haber sido "timado” electoralmente en su postulación a la re-re-reelección como senador nacional.
En todo caso, Castillo debiera sentirse defraudado con los más de 28 mil radicales catamarqueños, que votado a Eduardo Brizuela del Moral para la gobernación no lo convalidaron a él para el Congreso. Y en cuanto a pruebas, bien pudo exhibir el agrio y aparentemente estéril reclamo de resarcimiento económico del candidato a senador provincial de Ambato, de su propio FCyS, Luis Vidal Vega, quien ciertamente no tuvo ni un voto en distintas mesas de esa jurisdicción, pero no porque alguien se los escamoteara, sino porque no le había llegado las boletas que él mismo había pagado.
En fin, no es por pretender "enmendarle la plana” al Dr. Rosales, pero en realidad el oportunismo del Oscar Castillo no es una circunstancia novedosa, sino que viene de tiempos ya algo lejanos pero nunca olvidados; desde cuando las "urnas estaban bien guardadas…”.