“Computadoras robadas en los jardines de Avellaneda y Tula”
Nos tomamos el atrevimiento de parafrasear el título de una novela (“Flores robadas en los jardines de Quilmes”), del prestigioso periodista, escritor y ex embajador argentino en Francia, (Peronista “Paladar negro”), Doctor Jorge Asís y nos proponemos elaborar una nota con la única finalidad de advertir a nuestros lectores sobre la posibilidad de que se registren otras desapariciones (No nos agrada la palabra “robo” para este caso) de elementos pertenecientes al Estado.
Trascendidos dan cuenta de la supuesta desaparición de computadoras pertenecientes a reparticiones provinciales.
La especie consigna que los responsables de esas reparticiones habrían guardado silencio en lugar de efectuar la pertinente denuncia y posibilitar de esa manera, la correspondiente investigación.
Este silencio convertiría -a los responsables del cuidado de las computadoras-, en “cómplices necesarios” de un delito penado por la ley. En caso de haber formulado la denuncia, el o los denunciantes no hubieran hecho otra cosa que “cumplir con los deberes y las obligaciones de funcionario público”.
Según la información no desmentida por el Gobierno, en esas computadoras se hallarían los datos pertenecientes a una numerosa cantidad de subsidios otorgados por montos millonarios.
Obviamente, la nómina de los beneficiados por los subsidios forma parte del contenido de las memorias de las PC supuestamente desaparecidas. Algo que podría ser particularmente inquietante para un número no determinado de personas, instituciones, municipios y empresas; es decir, todos los que han recibido dinero bajo la forma de subsidios.
A modo de ejemplo y guardando las debidas distancias, cabe señalar que los subsidios en cuestión, son muy parecidos a los ATN (Anticipo del Tesoro Nacional) que distribuye la Nación -por lo general-, a través del Ministerio del Interior.
En términos no académicos, se trata de “plata dulce”. Los beneficiados no tienen que rendir cuentas. Pueden gastar el dinero en lo que más les plazca, siempre y cuando cuiden un poco las apariencias.
Como requisito imprescindible para conseguir un subsidio se requiere “ser del palo”. Adherir a las políticas del Gobierno a todo trance. Ser absolutamente oficialista. Y tener “peso político” en su área o distrito. Para que se entienda: debe ser capaz de aportar votos y -llegado el caso-, dinero para las campañas.
No es necesario enfatizar sobre la gravedad de un hecho como el que motiva estas líneas que muestra el grado de impunidad reinante en los ámbitos del derrotado gobierno de Brizuela del Moral y la “poca elegancia” con que se preparan para entregar el poder el 10 de Diciembre venidero.
Ardua tarea (para algunos) elaborar un inventario y que se lo aprueban los funcionarios entrantes.
En otro orden de ideas vale considerar que no sólo computadores pueden desparecer en la transición a desarrollarse a lo largo de casi nueve meses.
Además de las computadoras en riesgo, hay cientos de “notebooks”, automotores y teléfonos celulares que se hallan expuestos a ser objeto de escamoteos. Más todavía si se trata de entregar una repartición a los apurones.
Si al promediar los ’90 desapareció un avión, qué se puede esperar para un mísero telefonito, una 4x4 y otros elementos propios de una oficina pública.
No obstante y a la luz del tiempo que todavía falta para el cambio de autoridades, aspiramos a que los salientes ordenen todo, repongan las tazas rotas, laven el mate y la bombilla y dejen un poco de yerba y azúcar. Los entrantes del 10-D son seres humanos con sus propias necesidades, no son enemigos triunfadores de una guerra. Son –en su mayoría-, catamarqueños. Como los salientes.
Y se presenta la brillante oportunidad de ejecutar una transición que sea digna de ejemplo para propios y extraños. Es lo menos que merece Catamarca y su gente.