Dramático mensaje póstumo de una hermana de Ricardo Córdoba
Difundido como “palabras de Ana María Córdoba”, a través de los responsables de Prensa de la Agrupación de Montaña Calchaquí, y originado en el muro de “face” del sitio “Cumbreros”, se conoció un sentido mensaje de dramático contenido póstumo escrito por una de las hermanas del montañista Ricardo Córdoba, desaparecido el 11 de enero pasado, cuando intentaba ascender al Nevado Tres Cruces, de 6.300 msnm, en las proximidades del Paso de San Francisco, en la cordillera de Los Andes.
El que sigue es el texto completo, posteado por las redes sociales como “palabras de Ana María Córdoba”.
“A la querida memoria de mi hermano Ricardo Osvaldo Córdoba, quien reposa bajo las blancas sábanas de las cumbres del cerro tres cruces.
En tu segunda juventud te fuiste hermano querido, penosamente precediendo a mamá. En nuestra última reunión que fue en año nuevo, no presentí ni imaginé que nos daríamos el último abrazo, el último beso, nos tomaríamos la última foto.
“Iniciaste tu camino al cielo caminando, recorriendo y venciendo esos pináculos de los que hace tiempo te enamoraste. Dicen que no llegaste a la cima, pero de la mano de Dios pasaste por esos lados tocando las aristas más altas. La tristeza es infinita y desgarrante. Seguiré amándote y respetando tu querida memoria con la promesa de mantenerme unida a tu familia.
“La gloriosa inmortalidad te encontró en el lugar que elegiste en el mundo para ser feliz; nada ensombrecía tu paz en la impecable blancura de las montañas nevadas. Serás recordado por quienes saciaron contigo su apetito de saber, de buena tinta, todos los misterios de la montaña, como también por aquellos que tomaron tu mano salvadora en un momento de desaliento, temor o peligro.
“Para los demás queda decir de tus bondades, yo digo que fuiste un gran hermano, generoso, divertido, franco, efusivo, leal, sincero, honrado, amigazo y un sinnúmero de adjetivos calificativos virtuosos más. Te voy a echar de menos, te evocaré en el canto, la risa franca, la buena charla, las guitarreadas, la reunión familiar que siempre era una fiesta, y cada vez que coincidíamos los cinco hermanos en un lugar, siempre teníamos a mano una máquina para tomarnos una foto; en ellas te miraré y recordaré los tiempos dichosos y despreocupados que pasamos juntos.
“Teníamos momentos de felicidad extrema, casi exagerada, que declinaron con la partida de papá hace seis meses, y ¿ahora…?.
“Dios, cuanta tristeza!!! Soy la que más estuvo contigo porque estoy segunda en la lista descendente, soy la que compartió las primeras travesuras en la infancia, los primeros bailes, los primeros amores en la adolescencia, teníamos mucho en común a la hora de divertirnos. Voy a extrañarte tanto!!!
“Ojalá algún día se inscriba en las leyendas andinas que tu espíritu humanitario y protector socorrió a los apremiados y urgidos de ayuda en las tormentas, los vientos, o las heladas noches de las faldas y cumbres de la montaña. Dolorosamente aprendí que en las alturas, los Cumbreros, los Calchaquí o el nombre que los reúna, son todos hermanos.
“Estamos desconsolados, pero el cariño que recibimos de la familia, los amigos, los vecinos y tantas personas que te conocieron y apreciaron, nos da la serenidad que necesitan nuestros angustiados corazones.
“Querido Dios, mi Virgen adorada, esperamos que con la ayuda de vuestro poderoso amor, se desarrolle nuevamente en nosotros la virtud de la alegría que por muchos años fue la característica de la familia.
“HAYA PAZ EN TU ULTIMA MORADA, AMADO HERMANO Y BRILLE PARA TI LA LUZ QUE NO TIENE FIN. QUE ASÍ SEA”.
Fuente: “face” de Cumbreros