El cine argentino impacta en festivales internacionales

Los inminentes festivales de Venecia, Locarno, Toronto y Lima se nutren de la producción argentina, encabezada por Lucrecia Martel con su documental "Nuestra tierra".

LUCRECIA MARTEL y su obra, "Nuestra tierra", de notable repercusión a nivel internacional.
NACIONALES

A pesar de los intentos de gobierno nacional por desacreditar al cine argentino y de la deliberada desidia del Incaa que conduce el economista Carlos Pirovano, empeñado en frenar la producción y ahogar al sector, las películas producidas en nuestro país siguen siendo muy requeridas por el circuito de festivales internacionales.

La noticia más potente de los últimos días fue la confirmación de la presencia del nuevo, esperadísimo largometraje de Lucrecia Martel, el documental Nuestra tierra, en la sección oficial de la Mostra di Venezia, del 27 de agosto al 5 de septiembre.

Pero no fue la única, considerando que habrá otros títulos de producción o coproducción argentina en Venecia, además de otras presencias importantes ya confirmadas en los inminentes festivales de Locarno, Toronto y Lima.

El quinto largometraje de Martel será todo un acontecimiento, porque es su primer film de gran aliento desde el elogiado Zama (2017) y también su primera incursión en el campo del documental.

La directora de La ciénaga, La niña santa y La mujer sin cabeza trabajó catorce años en la investigación del caso de Javier Chocobar, un comunero tucumano integrante de la comunidad de Los Chuschugasta, asesinado el 12 de octubre del 2009 por un terrateniente de la zona y dos expolicías que se querían quedar con parcelas que les corresponden a la Nación Diaguita.

Nuestra tierra, de Lucrecia Martel

Con producción mayoritaria de Benjamín Domenech y Santiago Galelli para la compañía argentina Rei Pictures (ahora también con un pie en Madrid), Nuestra tierra tiene guion de la propia Martel en colaboración con María Alché, que supo ser la protagonista de La niña santa (2004) y luego directora ella misma de Familia sumergida (2018) y codirectora de Puán (2023).

La nueva película de Martel –que compartirá en Venecia la sección documental no competitiva con directores de la talla del ruso Aleksandr Sokurov y el taiwanés Tsai Ming-liang, entre otros grandes nombres del cine mundial- se anticipa como un film que va más allá de la estricta investigación judicial para adentrarse en el terreno de la reflexión sobre el discurso histórico, los poderes fácticos y la identidad latinoamericana. A esa presencia estelar en Venecia se suman tres films de producción o coproducción argentina en la sección competitiva Orizzonti de la Mostra.

Pin de Fartie, de Alejo Moguillansky, con respaldo del colectivo

El Pampero Cine, promete ser una versión fuera de norma de la pieza Final de partida, de Samuel Beckett, un autor particularmente importante en el universo del director de El escarabajo de oro y La edad media.

A su vez, The Souffleur es la nueva película del director argentino Gastón Solnicki, actualmente radicado en Viena, donde rodó en locaciones del hotel InterContinental de la capital austríaca, con Willem Dafoe como el gerente del establecimiento, que se resiste a que sea demolido y reconstruido por un prepotente desarrollador argentino, interpretado por el propio Solnicki.

Y en Orizzonti competirá también el cortometraje El origen del mundo, de Jazmín López, inspirada en el famoso cuadro de Gustave Courbet, que le sirve como excusa para reflexionar sobre la censura y la representación femenina.

Finalmente, en la sección Venezia Spotlight participa Un cabo suelto, una comedia escrita y dirigida por Daniel Hendler, y rodada en la zona fronteriza de Fray Bentos, donde un oficial de bajo rango de la policía argentina (el tucumano Sergio Prima) llega escapando de dos colegas corruptos, que lo persiguen hasta el interior del Uruguay.

El elenco incluye a Pilar Gamboa y César Troncoso (ambos muy conocidos hoy por las series Viudas negras y El eternauta, respectivamente), y es una producción de la uruguaya Micaela Solé de Cordón Films en sociedad con el argentino Ezequiel Borovinsky de Wanka Cine, el mismo de Los delincuentes, de Rodrigo Moreno.

Hijo mayor, de Cecilia Kang Unas semanas antes, en la 78° edición del Festival de Locarno (6 al 16 de agosto), que está considerado entre los más prestigiosos del mundo por su atención al cine de autor y a realizadores emergentes, habrá dos largometrajes argentinos.

En Hijo mayor, la directora porteña de origen coreano Cecilia Kang vuelve sobre sus raíces, como ya lo había hecho en sus dos largometrajes previos, Mi último fracaso (2017) y Partió de mí un barco llevándome (2023). “Hijo mayor nace de los recuerdos, o de lo que uno decide recordar.

Es la huella romántica de un hombre que decidió elegir un camino diferente al que se esperaba de él, y cómo ese camino se convirtió inescapablemente en el comienzo del mío”, dice en el catálogo la realizadora, que cuenta con producción de Juan Pablo Miller para su compañía Tarea Fina.

Por su parte, Olivia es la opera prima de Sofía Petersen, una fábula sobre el discurrir de la memoria rodada en parajes desérticos de la Patagonia en película 16mm Ektachrome. Petersen estudió en la Universidad del Cine porteña y en la muy vasca Elías Querejeta Zine Eskola, donde terminó de desarrollar este primer largo, coproducido en Londres por el británico Shaun Finneran.

Las corrientes, de Milagros Mummenthaler

En la sección competitiva Platform, del Festival de Toronto (4 al 14 de septiembre), concursa Las corrientes, tercer largometraje de Milagros Mummenthaler, con Isabel Aimé González Sola y Esteban Bigliardi, protagonistas de la historia de una mujer joven que, en el apogeo de su carrera, entra en una insospechada crisis de identidad, que ni ella misma sabe a dónde la conducirá.

La guionista y directora, que había ganado el Leopardo de Oro de Locarno con su largo inmediatamente anterior, La idea de un lago (2016), contó con producción de Violeta Bava y Rosa Martínez Rivero para Ruda Cine, en alianza con la compañía suiza Alina Films.

Y en el Festival de Lima (7 al 16 de agosto) habrá mucho cine argentino, como es sana costumbre en la muestra peruana, que suele nutrirse de los estrenos del Bafici.

Es el caso de Una casa con dos perros, de Matías Ferreyra, y La noche sin mí, de María Laura Berch y Laura Chiabrando, que participan de la competencia latinoamericana de ficción. A su vez, en la competencia de documentales estarán El príncipe de Nanawa, de Clarisa Navas (ganadora del Grand Prix del festival Visions du réel de Nyon), Suerte de pinos, de Lorena Muñoz, y las coproducciones Bajo las banderas, el sol, del paraguayo Juanjo Pereira, y Una sombra oscilante, de la chilena Celeste Rojas Mugica.

Y en otras secciones no competitivas estarán las plenamente argentinas Después de un buen día, de Néstor Frenkel; Todas las fuerzas, de Luciana Piantanida; Culpa cero, de Valeria Bertucelli y Mora Elizalde; Una canción para mi tierra, de Mauricio Albornoz Iniesta; y Gatillero, de Cris Tapia Marchiori.

No está nada mal para una cinematografía que muchos quieren enterrar, pero resiste. Y eso que todavía faltan los anuncios del Festival de San Sebastián, que históricamente es -de todos los que se hacen en Europa- el que más atención le presta al cine argentino.

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