El “gracias” a la Virgen del Cerro, en los Altos de Arena

Fue una experiencia muy movilizadora y emotiva, impregnada del fervor y devoción populares por la Virgen del Valle, que cada año se renueva para este tiempo de Pascuas, caminando por sorprendentes sendas en medio del maravilloso paisaje del C° Ambato en otoño.

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Con mi hijo Imanol y su compañero en el Profesorado del ISEF (Educación Física), Branco Soria, destinamos el feriado de Semana Santa, para afrontar la brava travesía hasta la Gruta de la Virgen del Cerro, en los Altos de Arena, a unos 4.008 msnm, según los GPS del grupo.

Entronizada por los Padres Franciscanos en 1934, hasta allí suelen llegar peregrinos de El Rodeo, Las Juntas, Las Piedras Blancas, La Puerta, Isla Larga, los distintos pueblos de Pomán y Fray Mamerto Esquiú, entre otras localidades, que habitualmente parten desde el Km. 22 de la Ruta 4, a El Rodeo.

En nuestro caso, lo hicimos desde Los Ángeles, como también lo hizo un grupo de promesantes oriundos de Colonia del Valle, Miraflores, Coneta y hasta una senderista de Sumalao, Valle Viejo, guiados por el baqueano “angelino” José Javier Figueroa, proveedor de los nueve caballos que trasladó al contingente, con la excepción de dos damas, que –como nosotros- cubrieron toda travesía caminando.

Fueron tres jornadas intensas de 10 horas y 30 minutos, el jueves, hasta el campamento que improvisamos en el campo del Toro Muerto; 12 horas, el viernes, en que alcanzamos el objetivo; y 8 horas, el sábado, para el regreso a Los Ángeles.

Así transcurrimos por extensos pedregales, con tramos de mediana y hasta elevada exigencia -para mis casi 69 años-, que mis compañeros sorteaban con envidiables agilidad y elegancia.

Las últimas lluvias impregnaron de un verde intenso a toda la montaña, que en los nogales de abajo o en los mimbres, sauces y álamos de los puestos más altos se van pintado del amarillo otoñal. Una mágica delicia para la vista.

Después pasamos a los sectores de piedras más grandes y pastos bajos, alternados con pasos por aliviadores sectores de ciénagas, que –más planas- relajaban el esfuerzo físico.

Así, el viernes, a las 11 hs., llegamos a la Gruta de la Virgen del Cerro, a unos 3,5 Km. de la cumbre de los Altos de Arena (4.444 msnm), que dejamos para otro tiempo.

La emoción, la alegría y hasta la congoja por el logro conseguido dominaron el momento, que minutos después se acrecentó con el arribo y los devotos testimonios de los promesantes “angelinos”, que llegaban para “dar gracias a la Virgen” por el hijo o la mamá recuperados de algún accidente o una enfermedad.

José Figueroa, que parece uno de los encomendados de la custodia del lugar, extrajo una llave y abrió la grutita para sacar la sagrada imagen de la Virgen del Valle, exponiéndola a “presidir” el rezo del Rosario; que, conducido por una de las fieles recién llegadas (en una de las fotos que sacamos aparece con una particular y sorprendente iluminación, sin explicación técnica), fue seguido con admirable religiosidad por el resto de sus compañeros. En esta ocasión, con el particular ruego por “el fin de la pandemia del coronavirus”.

Con Imanol y Branco los observábamos en respetuoso silencio, impactados por el recogimiento de los presentes.

A mí, que adhiero más al Jesús de Facundo Cabral que al de los grandes altares o de los parlanchines mediáticos, me significó la más auténtica ratificación de la verdadera fe popular, desplegada allí, como en tantísimas réplicas de la venerada “patrona”.

Tras los saludos y presentaciones de rigor, nos despedimos de los “angelinos” retomando la marcha; pero esta vez en descenso. Primero al campamento, donde pasamos la segunda noche, para después, antes del alba del sábado (4.30 hs.), tras un ligero desayuno y de rearmar los avíos, emprender la última etapa de otra magnífica excursión recorriendo nuestros bellísimos y encantadores cerros.

Víctor “Paco” Uriarte

 

Dedicado: a mi esposa Gaby, por el aguante, como a mi médico de cabecera, el gerontólogo Dr. Nelson Silva; la cardióloga Myriam Samedy y la Dra. María Verónica Celeste Sosa Tomada, quienes, tras los estudios de rigor, justificaron mi “capacidad final alta”, para emprender este tipo de aventuras, que a algunos nos apasionan.

Y en adhesión al Día Mundial de la Actividad Física, que por resolución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se celebra todos los 6 de abril.

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