¿Estamos en la calma que precede a la tempestad?

Para quienes, por razones de su actividad, deben concurrir a oficinas públicas advierten un estado de cosas que resulta un tanto llamativo.

POLITICA

En la mayoría de las reparticiones -pero muy en especial en las que funcionan en la Casa de Gobierno-, el personal se comporta como si el 13 de marzo no hubiese existido, como que no hubo elecciones, que perdió el oficialismo y el 10 de diciembre asumirán nuevas autoridades.  Muchos de esos empleados están expuestos, aunque más no sea y como mínimo, a un cambio de funciones o de lugar de trabajo. Sin contar que veinte días después de que asuman las nuevas autoridades cientos de contratos llegarán a su fin y resulta poco probable que todos los contratados pasen a “militar” en Planta Permanente, por más esfuerzos que haga en ese sentido  el futuro exgobernador.

 Durante la permanencia en ciertas oficinas –no todas, por cierto-, se tiene la impresión que hay “bajada de línea” de los jefes que emiten  señales de “tranqui, no pasa nada”.

Es evidente que en la mayoría de las reparticiones se ha instalado la idea de que “falta mucho para el 10 de diciembre” o “hay tiempo de sobra para preparar la transferencia”.

No sería justo dejar afuera a empleados de ideología peronista que

se mantuvieron más o menos “camuflados” y ahora –la esperanza es lo último que se pierde-, confían en que alguno de los nuevos lo reconozca y lo deje en el mismo puesto.

Si piensan que “falta mucho” corren el riesgo de tener que trabajar hasta de noche para alistar el cambio. Y sin cobrar horas extra.

Por cierto, éste asunto de la futura trasmisión del mando permite elaborar no pocas suposiciones y vamos a una de ellas: el área de Salud Pública  es consumidora de una variada gama de artículos, materiales, aparatología, medicamentes, descartables, combustibles, alimentos y ropas diversas, por no citar otros ítems propios de una repartición singularmente compleja. Y es probable que algunos renglones no sean provistos por proveedores locales sino por firmas  instaladas  en otras provincias,  en Buenos Aires o –incluso-, en el extranjero. Es cosa sabida que hay ciertos aparatos que no se fabrican en el país y Salud Pública debe tener algunos en sus hospitales. ¿Estamos seguros  que no hay ningún trámite en marcha vinculado con una compra de aparataje, vacunas, medicamentos o lo que sea de origen extranjero? ¿No hay ningún expediente “cajoneado” por equis motivo que deberá ser  motorizado y concluido antes del 10 de diciembre?

Será aconsejable que los funcionarios responsables de áreas importantes adopten las medidas tendientes a evitar inconvenientes “de última hora”, por más que al gobernador lo vean distendido, entregando viviendas, pronunciando discursos elogiando su gestión de gobierno y con una  pachorra más que envidiable, aunque  sospechosamente parecida a la irresponsabilidad.

Si de verdad se apunta a una “transición en paz” ha de ser necesario   y absolutamente imprescindible actuar con seriedad y organizar las cosas como es debido. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, dice un sabio consejo y eso, al parecer, no se está haciendo. Que esa calma que se advierte hoy, no sea la que precederá a la tormenta que, con toda seguridad, se desatará el 10 de diciembre si no se actúa responsable y respetuosamente en la trasmisión del mando a las nuevas autoridades, acto que deberá ser motivo de satisfacción para la ciudadanía.

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