Fadel vs. Jalil, como en los años ‘80
El 13 de marzo, por un sinnúmero de circunstancias que sería largo enumerar, que colaboran todas para la construcción de un show que será divertido presenciar, se repetirá un duelo de apellidos por la intendencia de la Capital. Como en 1987, cuando un Jalil enfrentó a un Fadel.
Sin lugar a dudas, todos los ojos están puestos en lo que suceda en la Capital, principal distrito electoral de la provincia, lo que la convierte a esta elección municipal en determinante para el resultado final de la elección a nivel provincial. Por eso será un show divertido presenciar. Pero pocos recuerdan un dato curioso de nuestra historia política reciente, los padres de los dos principales candidatos de hoy, Raúl Jalil y Luis Fadel, Guido Jalil y Yamil Fadel respectivamente, se enfrentaron por el mismo cargo en el año 1987.
En aquella elección, Yamil Fadel era intendente, por lo que tenia el respaldo de toda la estructura municipal, igual que su hijo Luis hoy, que se apoya en la estructura que comanda Ricardo Guzmán; pero el que termino imponiéndose fue Guido Jalil, apoyado en ese momento por el gobierno peronista de entonces, apoyo que hoy tiene su hijo Raúl, pero de parte del gobierno nacional.
Para la ciudad, para la provincia, esta repetición de apellidos y familias compitiendo por un mismo cargo, importante por cierto, solo sirve para ratificar esa convicción de que aquí pocas cosas cambian. En cualquier caso, esta disputa entre partidos políticos, que es también una disputa entre familias, termina siendo una competencia por cooptar la mayor cantidad posible de punteros y votos, y esa la única oportunidad, mínima por cierto, que tienen los habitantes de la periferia. O es que todavía hay alguien que crea que después de la elección, quien resulte electo, Jalil o Fadel, se atreverá a volver a esa zona de riesgo, para enfrentar la pobreza que hace estragos? Claro que no. Cuesta escuchar la verdad, pero alguien tiene que decirla.
Cualquier catamarqueño, sea o no habitante de esta Capital, podrá apuntar con razón y un profundo desánimo, que estamos siempre presos de las mismas familias, la misma gente (y quizás sea esa la explicación final del estado de las cosas en la sufriente periferia). Otros, que prefieran detenerse solo en lo pintoresco del dato, resaltarán solo que son curiosidades de nuestra historia.