¿Fin del Frente Cívico?

De más está decirlo, el frente cívico y social nunca fue otra cosa que un frente electoral que montó la Unión Cívica Radical catamarqueña para hacer creer que gobernaba con amplitud democrática. Sin control de las chequeras del Estado, el radicalismo no tendrá como pagar la complicidad de nadie.

POLITICA

Durante los primeros tiempos, la idea de frente político funcionó porque entre las principales candidaturas en juego en cada elección, los socios político menores del radicalismo participaban con alguna que otra postulación. Por ejemplo la vicegobernación, alguna banca en el Congreso nacional y algunas pocas bancas en la Legislatura provincial.

Pero con el correr de los años, esa idea falsa fue haciéndose cada vez mas evidente, hasta llegar a esta dolorosa realidad de los últimos tiempos, en que las supuestas fuerzas políticas integrantes del frente cívico eran hasta bochornosamente tratadas en publico por los popes del radicalismo, que obligaba a los titulares de esos sellos a acatar cualquier sinsentido, so pena de perder sus privilegios.

La mayoría de los titulares de esas ficticias fuerzas políticas en esta ultima elección prácticamente no fueron candidatos a nada, ni a vicegobernador, intendentes ni concejales; y quien osara revelarse a los dictados de lo que resolvía una mesa chica de la UCR, sabia de antemano que perdería el ingreso mensual que recibía mensualmente como contraprestación por su aporte político. Esa fue la pura y dura realidad.

Pero ante este nuevo escenario político en la provincia tras la derrota del domingo 13, es fácil advertir el final del frente cívico como frente electoral. Sin control de las chequeras del Estado, el radicalismo provincial que controla Eduardo Brizuela del Moral y Oscar castillo no tendrá como pagarles su complicidad política a los Balverdi, los Galindez, los Reyna, los Pablo Sánchez, entre tantos otros dueños de sellos.

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