¿Es genuino lo de Guzmán, o es otro engaño al electorado?
Persiste la legítima duda sobre las verdaderas intenciones de una dirigencia muy poco creíble.
El movimiento político que pretende encabezar Ricardo
Guzmán, ¿en serio aspira mejorar el radicalismo catamarqueño, democratizándolo,
depurándolo de personajes como Oscar Castillo o Eduardo Brizuela del Moral, o,
como ya pasó antes, solo busca simular cambios que no son tales, que en
realidad garantizan beneficio para las familias conservadoras que cooptaron el
radicalismo?
Hace 100 años, el radicalismo era una fuerza política
popular, aunque como en todo el territorio nacional, dividido en dos
fracciones: los orgánicos, que respondían al presidente Yrigoyen, y los
reaccionarios, que respondían al vicepresidente Luna. Esa fuerza era la
contracara del conservadurismo enrolado en la Concentración Catamarqueña.
A caballo de esa división, los conservadores provinciales,
fuerza política que representaba a un grupo de familias emparentadas entre si,
volvieron al poder en 1920. El candidato elegido en las boletas del
radicalismo, Ramón Clero Ahumada, venia de pertenecer a los conservadores que
se aliaron con una de las fracciones radicales.
A Ahumada lo sucedió otro conservador, supuestamente
opositor porque llegaba aliado a la otra fracción del radicalismo.
Es a partir de estos sucesos políticos que el radicalismo
catamarqueño fue copado por los conservadores.
Ahora, 100 años después, el radicalismo se encuentra
quebrado, en franca decadencia por las fechorías de hacendados y reconocidos
ciudadanos de apellidos ilustres, que para mantener el control de las finanzas
públicas se aliaron con regímenes militares sangrientos, participando
activamente en cuanta revuelta
antidemocrática surgiera, eliminaron la democracia interna dela UCR implantando
el eufemismo del "consenso”, y un sinfín de fullerías por el estilo.
De todo eso participo un hijo dilecto de esas familias conservadoras,
que cooptaron el radicalismo catamarqueño, Ricardo Guzmán, el mismo que hoy se
presenta mesiánicamente ante los radicales.
Falta todavía que mucha agua pase bajo el puente y
fundamentalmente resta ver si en el 2015 Oscar Castillo no es candidato a
senador nacional por la UCR, o que rol se le asignara a Eduardo Brizuela del
Moral y otros tantos figurones.
Si esto que emprende ahora Guzmán termina beneficiando los
ideales puros del radicalismo, los que tan bien representaban los Alfonsín, los
Illia, las Perla Quiroga o los Pablo Bordón aquí en Catamarca, será legitimo;
pero si los que se benefician son la descendencia de esas mismas familias
hacendadas y de apellidos ilustres que coparon el radicalismo hace 100 años,
habrá que concluir que se trató de otro engaño al electorado radical y
catamarqueño.