¿Hasta dónde puede el brizuelismo contar con el castillismo?
Bien mirado, acaso el único apoyo que pueda sostener en pie al gobierno de Eduardo Brizuela del Moral provenga del castillismo. Por eso importa considerar la tensión que se abrió el miércoles pasado, el día de oprobio.
No es alocado pensar que al oficialismo provincial le costará mantenerse en pie los próximo meses. Con una pesada derrota a cuesta, que lo hizo perder el poder provincial y lo deslegitimó políticamente ante la sociedad, con otra prácticamente segura en las elecciones de octubre, sin nadie que se responsabilice de la conducción y con funcionarios dedicados a jugar solo la personal, no es sensato esperar mucho del gobierno de Eduardo Brizuela del Moral.
Para mantenerse en pie, el único apoyo puede llegar solo del sector interno del radicalismo que comanda el senador Oscar Castillo, el mismo con quien se peleó y con el que pactó tantas veces. Pero la afinidad lograda los últimos años en torno a los intereses económicos y políticos de ambos podría ser insuficiente para neutralizar la tensión que se instaló la semana pasada, el mismo momento en que el brizuelismo sufrió su más vergonzosa y humillante derrota política.
Una elección, cualquiera, la del 13 de marzo por ejemplo, se gana o se pierde; si toca perder, se comprende y se acepta que son las reglas del juego. Pero lo que perdió el brizuelismo la semana pasada es más que una elección; prácticamente se le cayó la máscara de gobierno serio y respetable. Los principales diarios del país dando cuenta de los cuatro gobernadores en unos pocos días fueron lapidarios para la imagen del magro gobierno de Eduardo Brizuela.
El miércoles pasado, por unos minutos la sesión en minoría del Interbloque no tuvo la presencia de Silvina Tello. No alcanzaba para lograr el quórum (con ella se contarían 20 diputados, uno menos del mínimo de 21 que exige el quórum), pero si hubiera alcanzado para dejar constancia que el castillismo no avalaba el absurdo que orquestó el brizuelismo rancio.
El castillismo ya había intentado desactivar el operativo; fue cuando la propia Tello increpó a Martha Grimaux para hacerla desistir de las intenciones del oficialismo. Según cuentan los pasillos de la Legislatura, las dos mujeres se cruzaron fuerte, prácticamente convenidas de que sus palabras hablaban por sus respectivos jefes.
Pasado el escándalo, el oprobio, el papelón, el castillismo salió rápido a solicitarle responsabilidad al birzuelismo; pero más que eso salió a despegar. Boggio, Luna y Quintar dijeron fuerte lo que tenían que decir. Habrá que ver como evoluciona la tensión que surgió a partir de la intentona brizuelista por recuperar la conducción de la Cámara Baja. Si esa tensión de disipa será porque como se dice, el castillismo sabe encontrar en cada peligro una oportunidad; caso contrario, si la tensión interna se agrava, se agravará también la situación política del gobierno provincial.