“Lapsus linguae” de Corpacci
No es aventurado suponer que lo dicho por la doctora Lucía Corpacci ha sido un auténtico “lapsus linguae”: “El caso del crimen de María Soledad Morales ocurrido en 1990 no fue como lo mostraron los medios”.
Un exabrupto. Motivado –tal vez- por la adrenalina fluyendo a raudales luego de semanas de trajinar y estar en contacto con la gente haciendo campaña.
Y es indudable –también-, que la doctora esté profundamente arrepentida por haber dicho lo que dijo.
Es poco probable que formule declaraciones y diga que “sus expresiones fueron sacadas de contexto”, un gastado rebusque que suele utilizarse para enmendar lo que en buen criollo se denomina “una metida de pata”, “un bolazo” o “una pifia”.
Que es -en verdad-, lo acontecido. Porque la recién electa gobernadora pifió al cuestionar a la prensa.
Es probable que no haya leído la Solicitada publicada por los padres de Guilermo Danbiel Luque en el matutino “El Esquiú” en su edición del 28 de febrero y reproducida por este portal el pasado 8 del mes en curso. En esa Solicitada se cuestiona duramente lo que –al parecer-, sería único susceptible de ser cuestionado en el Caso María Soledad Morales, vale decir, la Justicia.
Por cierto, sería soslayar la verdad si ignoráramos que hubo periodistas -no muy profesionales que digamos-, que incurrieron en amarillismos sensacionalistas motivados por un sórdido afán de hacerse ver o vender más ejemplares o cautivar mayores audiencias en la TV y en la radio.
Pero no mintieron. No publicaron sino otra cosa que los hechos y detalles del crimen a medida que éstos fueron apareciendo para convertirlos en noticia. Los hechos, contrariamente a lo expresado por la doctora Corpacci, fueron como los publicaron los medios.
Las declaraciones de la doctora Lucía Corpacci habrían repercutido negativamente en la Casa Rosada causando desagrado en la primera mandataria. Supuestamente, el ex gobernador depuesto por Menem no gozaría de mayores simpatías en el ámbito presidencial.
A nivel sugerencia y a riesgo de ser calificados de ingenuos, nos parece que la única salida que le queda a la doctora es pedir disculpas al periodismo. Será un gesto digno de aplauso reconocer un error y disculparse. No hacerlo podría generar un estado de cosas no muy agradables a partir de que en los medios no faltan los susceptibles que se sienten ofendidos por cualesquier expresión que pueda rozar supuestos prestigios y notables trayectorias. Que no es el caso de este humilde obrero de la palabra escrita.
GNB