Merecido reconocimiento a Armando Seco
En su última reunión plenaria, en Santiago del Estero, la Federación Argentina de Municipios (FAM) reconoció al ex intendente de El Rodeo, Armando Seco, distinción que tuvo el honor de recibir su hijo, Armando Seco Santamarina, quien hoy ejerce esas mismas funciones en la hermosa villa veraniega del Ambato.
Seco, además, de haber sido intendente de El Rodeo, fue senador provincial por el departamento Ambato, funciones desde las que llegó a ser presidente provisorio del Senado (tercera autoridad de la provincia), en la década de los ’80.
En realidad, un merecidísimo reconocimiento para un hombre de la política, actividad que abrazó como herramienta de transformación, porque arraigó fuertemente el legado de Evita: “Donde hay una necesidad, existe un derecho”, y, en ese sentido, trabajó no sólo por sus pueblos de Ambato, sino en toda la provincia.
Conocía como pocos la provincia de Catamarca; cada rincón, cada recoveco, porque durante todo el año la recorría, en épocas donde para hacer política había que había que sentir un profundo amor por el prójimo. De verdad, sus zapatos siempre estaban sucios de tierra, porque así militaba; visitando a los militantes y dirigentes peronistas, o al vecino común, para mantener “viva” la llama del peronismo. En esas tareas, fue un servidor incansable.
Puntualmente llevó siempre los mensajes del pensamiento político, primero de Don Vicente Saadi, y luego el de Ramón Eduardo Saadi.
Fue un dirigente que marcaba diferencia por su incondicionales lealtad y capacidad de trabajo, tomándose su tiempo para escuchar con incomparable paciencia a cualquier catamarqueña o catamarqueño que transitara por alguna dificultad, o gestionando la resolución de algún requerimiento comunitario, aun cuando ya no ocupaba cargos de poder.
Todavía muchos lo recuerdan, no sólo por sus recurrentes e improvisadas visitas a cada rincón de la provincia, como cuando -sin título ni honores, ni sueldo- acompañó del actual Intendente de la Ciudad Capital, Gustavo Saadi, en su período como ministro de Gobierno, en la gestión de la gobernadora Lucía Copracci. Ya jubilado, “Armandito”, como cariñosamente se lo conocía, estaba siempre dispuesto a dar una mano, con ganas de seguir trabajando y aportando soluciones.
Conciliador empedernido, hasta sus últimos días, tuvo oídos para cualquier inquietud o la búsqueda de puntos de encuentro, incluso con los dirigentes de la oposición.
Hoy, su hijo Armando Seco Santamarina, quien tuvo el honor que ser destinatario de este halago, al recibirlo, emocionado, confesó que “fue él quien me legó el amor al prójimo y su vocación por el servicio a la comunidad”.
Palabras de su hijo, Armandito
Mi viejo fue un gran hombre, un verdadero militante peronista que abrazó a la política como una herramienta transformadora de la realidad, atendiendo principalmente las necesidades de los que menos tienen.
Le dedicó su vida al Partido Justicialista, vivió con lealtad y un enorme compromiso con el pueblo. Sus valores como la solidaridad, el compromiso con el otro, la amistad, la fidelidad, sobre todo en momentos difíciles, nos dejó un mandato importante para nuestra generación intermedia.
Mi viejo fue de esas personas de enorme calidad humana, que le daba la misma importancia a una reunión con el presidente de la nación, el gobernador de la provincia o con el vecino del más alejado paraje de nuestra geografía. Conocido por escuchar y trabajar codo a codo con la militancia.
Me invade la nostalgia, pero también el orgullo. Espero que estés ahí papá, guiándome en mis pasos, los del verdadero peronismo.