Peñarol, un cordobés, pero no tan “docto”
El rival que esta tarde recibirá a Tinogasta Central en la ciudad de Córdoba, por el TDI, Argentino Peñarol, es un club humilde, orillero, del barrio obrero de Argüello, antes de pasar a la acomodada Villa Allende de los countries y los más elegantes campos de golf. Como contraste, su apodo es el de “Millonarios”, que dista mucho de su imagen arrabalera, en uno de los enclaves laburantes y menos “doctos” de la ciudad que lo alberga.
Sus jugadores son laburantes de cualquier oficio, y hoy sus familias, junto a la comisión directiva del club venderán choripanes y empanadas, entre otras comidas, para juntar dinero para el viaje de la revancha, dentro de siete días en Tinogasta.
El partido se jugará en la igualmente sencilla cancha, conocida como “El Trampero”, porque allí “cayeron hasta los más grandes del fútbol cordobés”, nada que ver con el fastuoso estadio Kempes, donde acaban de eliminar a Las Palmas, y donde en noviembre del año pasado dieron su primera vuelta olímpica en 104 años de existencia. A pesar de ser un histórico del balompié mediterráneo, nunca antes de 2012 había salido campeón de la Liga Cordobesa.
Tampoco cuenta con grandes figuras en su pasado; sus “estrellas” son estos jugadores de hoy, la totalidad de ellos dedicados a otras actividades, además de jugar al fútbol. Por ejemplo su arquero, Daniel Machado, de 33 años, es empleado metalúrgico; Ezequiel Quaglia, es albañil y volante o el capitán Sebastián Troilo, que es policía y es su defensor central.
Uno de sus hinchas más famosos es el cuartetero Jorge “el Toro” Quevedo, quien dedicó parte de los ingresos en su puesto de venta de pollos asados, para ayudar a la campaña del “verde y rojo” en el TDI.
Una historia, como –seguramente- la mayoría de los clubes del fútbol diseminados a lo largo y ancho del país, como la del propio Tinogasta Central, cuyos jugadores, dirigentes e hinchas también estuvieron vendiendo empanadas y haciendo todo tipo de contribuciones para que el “verde” pueda llegar hoy a Córdoba y hospedarse en un hotel, en la previa de un partido decisivo por una de las finales hacia el ascenso al Argentino B.