Los políticos, sus discursos, sus promesas y sus papelones
Es probable que muchos políticos (no todos, por cierto) supongan que la gente, cuando ellos hablan por radio o televisión, les presta atención. Que toman muy en cuenta sus afirmaciones, sus argumentos y sus promesas, sobre todo en vísperas de elecciones.
Sin el menor ánimo de “pincharle el globo” a nadie, consideramos que no existe nada más alejado de la realidad que la actitud de la gente en esas circunstancias. La gente – “las mayorías silenciosas” como alguien las definió-, se limita, en la mayoría de las veces, a oír que no es lo mismo que escuchar. Muchas veces se oye “como quien oye llover”. No siempre se escucha por la sencilla razón de que la gente tiene otras cosas más importantes que atender, cuestiones vinculadas a su propia existencia y la de sus seres queridos lo abruman, en no pocas ocasiones, de problemas no siempre fáciles de resolver.
Eso que conocemos como el “día a día” exige a la mayoría de las personas una total concentración y esfuerzo. Al peso hay que ganarlo de una manera u otra y no todos pertenecen a la clase de los “presupuestívoros” para quienes las cosas son relativamente más sencillas. Muchos de estos sujetos “hacen la fácil” y no es motivo de estas líneas incursionar en los aspectos vinculados con el crecimiento exponencial de las plantas oficiales de personal, sean éstas municipales, provinciales o nacionales. Estimamos que se trata de un tema para sociólogos, economistas y psicólogos y nosotros no lo somos.
Sucede que la gente en sus horas de descanso procura zafar de las preocupaciones y se ubica ante el televisor en busca de distracción. Son muy pocos los que observan cómo se construye un puente de tres kilómetros de largo o un edifico de quinientos metros de altura. Casi nadie se enteró de cómo se fabrica un auto BMW porque en lugar de observar el documental respectivo, prefirió permanecer mirando algo más liviano, como podría ser un programa de chimentos o un conjunto de restallantes y bellas señoritas haciendo piruetas en un caño cromado. De paso se produce una espectacular mostración de nalgas y pechos femeninos y la lucha del “día a día” pasa, momentáneamente, a un segundo plano.
¿Existe alguna actividad o discurso de político capaz de romper el encanto de un programa de Tinelli? ¿O de un culebrón cargado de suspenso? Por cierto que no, puesto que si hay algo de los políticos que llame la atención de la gente es cuando reparten dinero a manos llenas, o cometen un “blooper” o protagonizan un papelón.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Sir Winston Churchill dijo, en un discurso ante el parlamento, que “la guerra era un asunto demasiado grave para dejarlo en manos de los militares”.
Y no falta quien sospeche que la Nación y los gobiernos en general, “son asuntos demasiado importantes para dejarlos en manos de los políticos”. Sobre todo cuando son sujetos incapaces devenidos en políticos porque anduvieron pegando carteles o pintando paredes durante una campaña política.
Bienvenidas sean, entonces, las instituciones que se dedican a la “Formación Política” y a la instrucción de dirigentes. Nos parece que en ellos residen las esperanzas de tiempos mejores en el futuro.