Recorriendo la historia del oro verde

Hablamos del olivo, una de las actividades que también tiene nuestra provincia, aunque en los últimos tiempos algo devastada. Los primeros olivos se plantaron en el país 500 años atrás, pero recién en estos días el aceite de oliva gana terreno en la mesa de los argentinos. Un producto noble, que además hace bien a la salud.

ECONOMIA

Cuenta la leyenda que en la época del Virreinato, las plantaciones de olivos que habían traído los colonizadores competían en calidad con las españolas. Entonces llegó la orden de levantar todos los olivares. Una anciana de La Rioja protegió su planta con un poncho o un manto y ese olivo se salvó de los depredadores y aún hoy perdura en el departamento de Arauco, La Rioja. Las aceitunas de esa planta también se denominaron Arauco y hoy por hoy se transformaron en la variedad local ciento por ciento argentina.

Lo cierto es que los olivos y sus frutos acompañan al hombre desde los inicios de los tiempos, tanto como acompañamiento gastronómico como para otros usos. La producción de aceites tiene como base el Mediterráneo, con la civilización griega. Después los fenicios lo expandieron hacia regiones como Andalucía y Cerdeña, en España e Italia, respectivamente, que se transformaron en los mayores productores y consumidores a nivel mundial.

En el caso argentino, como ya mencionamos los orígenes se remontan a la colonización, cuando se plantaron los primeros olivos. La zona en la que mejor se desarrolla el olivo como ocurre con las vides, es aquella de tierra árida, clima seco y poca humedad. Por eso, las grandes regiones productoras de nuestro país son Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza.

Italia y España son los principales productores de aceite de oliva. Y también son los que más consumen: unos diez litros per cápita por año. En la Argentina el consumo es de sólo 100 mililitros.

El porcentaje de acidez permitida para que un aceite sea extra virgen, es decir de la mejor calidad es de 0,5.

Una hora es el tiempo que demanda entre que la aceituna ingresa a la máquina centrifugadora y se extrae el aceite listo para embotellar.

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