Síntomas “autodestituyentes”

Si bien la palabra "destituyente" no existe en el diccionario de la Real Academia Española, el reiterado uso de esta expresión por parte de la mismísima presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, fue legitimando el concepto, que en la interpretación más cercana y comparable se puede aproximar al verbo “destituir”, que el diccionario define como el “acto de destituir o separar a alguien del cargo que ejerce”.

DIFERENCIAS. Entre Lucía, Mera y Jalil.
POLITICA
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Aunque el vicegobernador Dalmacio Mera no utilizó ese término cuando el viernes último había sido desplazado de la lista de oradores que abrió el nuevo ciclo lectivo en la provincia, sus expresiones inmediatas parecieron advertir similar significado cuando debió disculparse en público, porque "el protocolo volvió a equivocarse” y llamó "a serenar los espíritus, ser respetuosos de las instituciones e intentar no llevarnos a nadie por delante…”.

Si bien no lo llamó un "acto destituyente”, Mera tuvo que pedir "respeto por las instituciones” en un acto puramente del oficialismo, alertando de "no llevarnos a nadie por delante…, porque eso generalmente tiene un resultado que no es el que buscamos”. Además de lo inapropiado del escenario, con mayoritaria presencia de alumnos y docentes, donde el discurso debió expresar el unívoco objetivo de superar las contingencias y dificultades de cada inicio de clases, en procura de un proceso enseñanza-educación cada vez más eficiente.

Todo fue políticamente incorrecto. ¿Un acto fallido del protocolo oficial?; poco creíble porque las escasas luces que exhibe ese organismo en la presente gestión, lo inhiben de pergeñar semejante gesto de incomodidad hacia la segunda autoridad de la provincia, que en ese acto representaba nada más y nada menos que a la primera mandataria.

Una alternativa pudo ser el exceso o malentendida lealtad hacia la gobernadora Lucía Corpacci de parte los dos ministros presentes en el episodio, el de Educación, José Ariza, y el de Gobierno, Gustavo Saadi; sobre todo del responsable educativo, que como "dueño de casa” se mostró ostensiblemente molesto con la reacción del vicegobernador, al que después de sus descomedidas palabras eludió ocultándose en una de las aulas cercanas.

Como sea, no hicieron falta encendidas críticas opositoras ni furibundos cuestionamientos desde el radicalismo o el Frente Cívico y Social para provocar semejante alboroto en el gobierno provincial, ya que fueron las crecientes disputas internas en el propio Frente para la Victoria (FpV) gobernante las que alentaron el surgimiento de estos, hasta no hace mucho, impensados síntomas "autodestituyentes”.

A quién le reclamó Mera "ser respetuosos con las instituciones…”, a quién le pidió que "no lo lleven por delante…”. Inexplicable, desde todo punto de vista, porque "corpaccistas y "meristas”, aunque no compartían "el mismo techo”, venía conviviendo armoniosamente, sin mayores cuestionamientos ni objeciones, incluso aceptando la continuidad o nuevas designaciones de parientes del "vice” en el Senado, de también coincidentes lazos familiares con antiguas autoridades "frentecivistas”. Una regla no escrita, que en la actual administración es tomada casi con naturalidad, pese a los ahogados reclamos de la ortodoxia peronista.

Encontronazos similares se viven a nivel de la Municipalidad de la Capital, donde se sacan y se ponen funcionarios al ritmo del pálpito de las adhesiones internas, como les tocó padecer a los "corpaccistas”, y, coincidentemente "Chichos”, Ortega y Rojo, quienes debieron ser rescatados desde la Secretaría de la Vivienda de la provincia para recuperar el estatus que les habían quitado desde el "Jalilismo” municipal, por citar apenas un par de casos.

En paralelo surgió la incomprensible puja entre el concejal Armando López Rodríguez y el intendente capitalino Raúl Jalil, por la imposición del nombre de "Néstor Carlos Kirchner” a una barrio de la ciudad, algo de inobjetable y hasta justificada unanimidad hace apenas días, y mientras siguen frescos los gestos de incuestionable adhesión partidaria hacia la figura del ex presidente. En este caso, el primer acto es "el concejal logrando la aprobación de una ordenanza poniendo el nombre de ‘Kirchner’ a un conglomerado urbano capitalino”; el segundo acto es "el intendente vetando la ordenanza”, y el tercer acto vendrá esta semana con "el concejal insistiendo con su proyecto”. ¿Cómo se llama la película?..., otro papelón de la interna peronista.

Así podrían mencionarse otros hechos y aconteceres que remontan a los peores recuerdos de las históricas disputas entre peronistas catamarqueños, que nunca terminaron en amigables consensos, sino más bien con el lamentable saldo de vencedores y vencidos. Y en medio de ello, los peronistas de a pie, quienes en definitiva resultan los únicos perdedores. Como en las viejas pujas entre Vicente Saadi y Félix Názar, más tarde de Saadi con Casas Nóblega, después de Ramón Saadi con los "Marrones” o Movilización del "Gato” Aguirre, y más cerca en el tiempo los desencuentros de Ramón con su "vice” Rodolfo Morán, luego recreados con Luis Barrionuevo, por citar apenas algunos de los memorables pleitos "perucas”, que solo sirvieron –invariablemente- para alejar al justicialismo del poder. El ejemplo más claro, fue la larga ausencia del peronismo en el gobierno local, durante los 20 años que gobernó el Frente Cívico y Social, después de la intervención federal de Carlos Menem a Ramón Saadi, impulsada también desde otros espacios del propio justicialismo vernáculo, incluidos familiares del propio mandatario destituido.

Y como la lección nunca aprendida, justo a dos años del regreso del PJ al poder provincial resurgen estos síntomas "destituyentes” en bocas y acciones de los mismos peronistas, quienes más que nunca -el jueves próximo- tendrán la oportunidad de demostrar si el "13 de Marzo” es la fecha que los une al margen de cualquier sectarismo o es el hito que macará el tiempo de una renovada fragmentación de los seguidores de Perón en Catamarca. Ese día se sabrá si quedará como una fecha para honrar e incluir como histórica en la liturgia partidaria, o significará un nuevo estigma para otro tiempo de penosas divisiones.

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