Un gobierno moderno y abierto

La provincia de Catamarca es rica en recursos, pero la mitad de su población es pobre y la indigencia llega casi al 11 %. las riquezas económicas están mal distribuidas, con una clase media tendiente a la extinción.

POLITICA

Sumado a lo anteriormente expuesto, la población es chica y geográficamente está mal distribuida. La migración interna hacia la capital no cesa y de a poco, la totalidad de los habitantes del valle central, serán el 60 % del total de la población, ello se debe a que la ciudad concentra la mayor cantidad de posibilidades educativas y laborales. Los departamentos del interior conservan poblaciones de personas mayores, los jóvenes migran en busca de oportunidades. 


Todo esto da cuenta de que algo estamos haciendo mal. Es momento de repensar todo en pos de un nuevo paradigma de gestión y con un acuerdo social donde primen las mayorías, caso contrario seguiremos padeciendo esta penosa realidad que nadie quiere. Para lograrlo es esencial administrar bien los recursos financieros, públicos y reestructurar el Estado. De ese modo, crear las condiciones óptimas para que las inversiones produzcan recursos y empleo, pero no solo en la capital provincial. Para lograr esto último, debemos incentivar a las empresas no sólo a que absorban mano de obra local, sino que las mismas cooperen con la capacitación de los operarios, una forma más directa de atender la brecha entre la oferta y la demanda laboral actual, que ha evolucionado en forma acelerada.  


En este proceso, es primordial tener a nuestros jóvenes bien preparados para que se puedan insertar en un mercado laboral competitivo. Desde ya que aplaudo la política activa de integración social que desarrolla en general la Universidad Nacional de Catamarca y en especial la Facultad de Tecnología e Innovación. Estamos atrasados y debemos apurar el paso, y que nuestros jóvenes tengan el norte bien claro hacia dónde vamos y cuáles son los objetivos, que los debemos definir con esa amplia mayoría a la que me referí antes. Sabemos que hay un pasado, que hubo diferencias, pero en etapa sólo miramos al frente y utilizamos el pasado como aprendizaje, de tal modo, que unidos evitemos cometer los mismos errores. 


En consecuencia, mi propuesta, que es amplia y holística, involucrando a todos los sectores, radica en que nos enfoquemos en tener escuelas y universidades que eduquen a las futuras generaciones con el claro objetivo de insertarse en el nuevo mundo del trabajo, de manera óptima y siempre con sentido positivo. Es una cuestión de supervivencia, advertir a nuestros jóvenes que el mundo que nos circunda en forma cercana o remota cambia a una velocidad inusitada y esa es la razón por la que como sociedad debemos estar alertas y alertarlos a ellos que lo estén.


“Estamos mal” decía en un encabezado anterior. Trato de no personalizar a quienes nos gobiernan para no profundizar más las diferencias. Es un ejercicio personal y mi compromiso ciudadano, es trabajar por lo que nos une y dejar de lado lo que nos separa. Para eso tenemos una herramienta formidable, que es el dialogo civilizado. Si al menos, por un tiempo se dejara de lado la búsqueda permanente del “rédito político” y comenzáramos a trabajar en serio por el bien común, estoy seguro de que podríamos madurar como sociedad y hacer crecer nuestra deshilacha economía. 


Si queremos resultados distintos a los obtenidos hasta ahora debemos hacer cosas distintas. Esta idea expresada brevemente en esta nota es en realidad un amplio programa de modernización del Estado, un nuevo modelo o paradigma que modifique nuestro estado de cosas desde la raíz. La matriz de atraso que arrastramos desde hace décadas debemos desterrarla; es hora de animarse y, sobre todo, es hora de tirar del carro todos unidos, de no hacerlo seguiremos creciendo en un solo sentido, en el de la pobreza y la decadencia y eso no es bueno para nuestros hijos, que esperan otras respuestas de nuestra parte. 


Fernando Capdevila

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