Whirlpool bajó la persiana de su planta y deja a 220 familias sin trabajo
La crisis en el sector industrial sumó un nuevo capítulo con una noticia que cayó como un balde de agua fría en el Parque Industrial de Fátima, en Pilar.
La multinacional Whirlpool anunció el cierre definitivo de su planta de producción de lavarropas y la desvinculación de sus 220 trabajadores, apenas tres años después de haber inaugurado la fábrica con una inversión millonaria y ambiciosas promesas de exportación.
La decisión —comunicada este miércoles de manera sorpresiva al personal— se tomó, según la empresa, frente a la fuerte caída de ventas en el mercado interno y el avance de productos importados, principalmente de origen asiático, que ofrecen precios mucho más bajos. La compañía inició conversaciones con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) para acordar un esquema de indemnizaciones más un plus de salida para los operarios afectados.
Una planta joven, un cierre abrupto
La fábrica de Pilar había sido inaugurada en octubre de 2022, tras una inversión de USD 52 millones. Su objetivo inicial era producir 300.000 unidades por año y exportar el 70% de los equipos. Sin embargo, la realidad fue otra: en 2024 apenas se fabricaban 150.000 lavarropas y la balanza era mitad para exportación y mitad para el mercado interno.
Según relató Ignacio Cabezas, uno de los trabajadores despedidos, la empresa venía reduciendo el ritmo productivo desde hacía semanas. La planta pasó de fabricar entre 500 y 600 unidades diarias a unas 400. Dos semanas atrás, habían despedido a los eventuales y adelantado vacaciones al 22 de diciembre, pero sin anticipar una medida tan drástica.
“Nos acaban de desvincular a todos. Cerraron completamente y trajeron un transporte para quien quiera irse. Pero estamos todos en la playa, no nos vamos hasta que nos den una respuesta coherente”, expresó Cabezas en declaraciones a FM Plaza 92.1, evidenciando el malestar generalizado.
La explicación de la empresa
Desde Whirlpool Argentina confirmaron que mantendrán su operación comercial y de distribución en el país —donde seguirán trabajando entre 100 y 120 empleados—, pero que el negocio de fabricación dejó de ser competitivo.
“La planta ya no era eficiente en este contexto de desaceleración del consumo y aumento de importaciones. Vamos hacia un modelo más comercial que industrial”, señalaron.
En relación al futuro del predio, la firma aún no definió si será vendido, alquilado o reconvertido para otro uso.
El cierre también fue reflejado por medios internacionales. El sitio global Investing informó que Whirlpool SA —filial brasileña de la corporación— justificó la medida en sus “directrices estratégicas de eficiencia operativa y asignación responsable de recursos”, remarcando que las actividades de comercialización y distribución no se verán afectadas.
La combinación de caída del consumo, avance de importaciones más baratas y pérdida de competitividad industrial volvió a golpear a un sector que ya viene atravesando despidos, suspensiones y cierres en distintas provincias.
La salida de Whirlpool de la producción local no solo deja 220 familias sin ingreso, sino que también significa la pérdida de una de las pocas plantas industriales de fabricación de línea blanca que quedaban activas en el país.
Mientras empleados permanecen en la planta reclamando explicaciones más claras y negociaciones justas, el cierre abre un nuevo debate sobre la situación de la industria nacional frente al actual escenario económico.