Zitelli, “el usurpador”

Hablando de usurpaciones de tierras, Don Silvestre tiene experiencias en esto de apropiarse de los bienes ajenos. Veamos:

Zitelli: foto del diario La Unión
POLITICA

El diario El Ancasti le ha dedicado, en los últimos días, grandes espacios a la usurpación de miles de hectáreas en la zona de San Pedro, en la jurisdicción de Chumbicha.
Por supuesto que está bien difundir estos hechos y el diario lo hace regularmente. De esta manera ha sido totalmente crítico con las usurpaciones que se realizaron, por ejemplo, en los barrios Santa Marta o Hipódromo, o en las viviendas que construyó el gobierno en Santa Rosa (Valle Viejo).
Más allá de eso, queda bastante claro que el propietario del diario, don Silvestre Zitelli, practica muy bien aquel viejo dicho “haz lo que yo digo, más no lo que yo hago”.
Decimos esto porque, hablando de usurpaciones, Don Silvestre tiene experiencias en esto de apropiarse de los bienes ajenos.
Quien tenga dudas de lo que afirmamos, podría sacárselas de encima con solo preguntar en los Tribunales locales si existe alguna causa que involucre a Zitelli en tan desagradables prácticas.
Uno de las fechorías más recientes tiene que ver con un campo perteneciente a la firma Dolce Neve, que se ubica en cercanías del aeropuerto “Felipe Varela”. Hace algunos años, sus propietarios suspendieron las actividades agrícolas y dejaron como encargados a un par de empleados.
Los asistentes de Zitelli le informaron al jefe del aparente abandono de miles de hectáreas. ¿Qué pudo haber hecho el propietario del diario El Ancasti? Ocupó el campo e hizo firmar a humildes empleados un contrato de arrendamiento que, finalmente, terminó en la Justicia.
El doctor Grill, en representación de los dueños del campo, inició las acciones para recuperar la propiedad y fue a la Justicia, contando en Catamarca con el patrocinio de la doctora Leticia Llopis.
Ante la evidente ocupación que, por supuesto, no fue publicada por El Ancasti, la Justicia puso las cosas en su lugar y el campo debió ser devuelto a sus legítimos propietarios.
A las muchas facetas negativas que ofrece Don Silvestre, varias de las cuales terminan en grotescas y escandalosas situaciones (agresión a periodistas, romances famosos con personas mucho más jóvenes que él, alguna violación de domicilio, obras públicas por las que cobró pero jamás las entregó, viviendas que al poco tiempo de habitarlas tenían grietas de todas las formas y tamaños, etc), le sumamos esta de “usurpador”.
Por cierto que, oportunamente, volveremos sobre estos temas para marcar las incoherencias de El Ancasti y su curioso propietario, el cual se anima a enjuiciar a personas sin perjuicio de su propia conducta.

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