La conocí en Diciembre de 2011, una mañana soleada en la pintoresca quebrada. Su diminuta y aparente frágil figura tiraba las riendas de los dos burritos cargados de leña. Parecía una postal de principios del siglo pasado, un fuerte contraste con el oscuro pavimento de la ruta y las piedras coloradas de la montaña.
Me llamó la atención, detuve la marcha y le pedí permiso para sacarle unas fotos y ella, con voz apenas audible, accedió. Me pareció un cuadro que era necesario retratar y dar a conocer, para que los argentinos supieran cómo era la forma de vida de esta mujer que había decidido abrazarse con fuertes raíces a su terruño, lejos del confort de la vida moderna. Una forma de hacer patria y de amar aquella inmensidad cordillerana que había surcado su rostro y agrietado su piel. El fin de semana se conoció su muerte.
La encontraron sentadita en una silla del humilde rancho en el que vivía en la Quebrada de Las Angosturas. Su corazón dejó de latir repentinamente, sin aviso alguno, sin molestar a nadie.
Los viales que recorremos habitualmente la zona ya no la veremos caminar con sus burros por el costado del camino. Su espíritu libre se fue con el viento para sobrevolar los viñedos de Fiambalá, acariciar las nevadas cumbres cordilleranas, navegar en las cristalinas aguas del río Chaschuil y volverse vicuña rebelde en Cazadero Grande.
Se nos fue Arminda, la solitaria flor de Las Angosturas.
Daniel Benjamín Saseta. Fuente: Diario Veintiuno.com (Nota: Arminda fue encontrada muerta el 1 de agosto de 2014 en su ranchito de la plena cordillera VER
Encuentran sin vida a una solitaria anciana en la cordillera
)