En la interna radical perdieron todos
Fueron tan intrascendentes las elecciones internas en la Unión Cívica Radical que hoy seguramente se habrán acabado las grandilocuentes declaraciones de su presidente muleto, Amado David Quintar, o de gente perteneciente a la facción que ganó el sello.
En realidad, el domingo pasado perdieron todos, Oscar
Castillo, Eduardo Brizuela del Moral, Ricardo Guzmán, "Coco” Quintar, todos,
porque no pudieron movilizar un partido político que manejan sin importarles
los afiliados.
Esa es la verdad que se esconde detrás de la pobrísima
participación de los afiliados, que en ningún dato surgido del propio Comité Provincial se alcanza el 30% de
participación, pero a esos porcentajes hay que descontarles los votos
introducidos de prepo para inflar las urnas.
"Hay casos de urnas de poblaciones alejadas en las que voto
el 97% de los empadronados", lo decía ayer pavoneándose Quintar a medios que lo
entrevistaban. Ese dato mentiroso, solamente posible en localidades muy
alejadas, Fiambala por ejemplo, sirve solo para levantar el porcentaje de una
presunta importante participación.
Hay que reconocerlo, el domingo perdieron todos los popes de
un radicalismo que no se puede sacudir fácilmente el mote de ser un partido que
usa el poder a favor de un caudillo, su séquito, unas cuantas familias o una clase perfectamente determinada.
Remozar el radicalismo significa abrirlo y ponerlo al
servicio de un proyecto que redunde en beneficios de todos, exactamente al
revés de lo que paso el domingo. Es necesario no el proyecto de Castillo y su
cómplice político, Brizuela del Moral, sino un proyecto que sea reconocido y
aceptado dentro y fuera del radicalismo.
Para que un proyecto político gane legitimidad la gente debe
percibir que está orientado a un gran proyecto colectivo en el que todos los ciudadanos
tienen cabida.
Hoy, a 48 horas de la elección del domingo nadie en su sano
juicio puede asegurar que Castillo, Brizuela del Moral o Quintar aspiren a
construir un consenso amplio detrás del sello de la UCR que ganaron.
Esa gran tarea pendiente, se posterga para que la realicen
las nuevas generaciones de radicales, si es verdad que se aspira a superar una
crisis terminal. Es lo mismo que paso en el peronismo, que pudo volver al poder
después de 20 años, pero no con los que se aseguraban ganar elecciones internas
tramposas, sin la participación real de los afiliados como paso el domingo.