Se recalienta la interna radical
Andalgalá © Con tantas cosas importantes que se ponen en juego, era de esperar que la interna radical se recalentara en estos últimos días hasta llegar al domingo 8, fecha de realización del comicio.
Efectivamente recrudecen las acusaciones y sospechas sobre
todo hace el sector que dice conducir Alejandro Páez desde su despacho emesetistaradical,
y ya no son los dirigentes del sector
guzmanista quienes salen a denunciar apremios, vejámenes psicológicos y discriminación,
producto del conocimiento que se tiene de los sondeos de opinión que plantean
un holgado triunfo de la APRA, sino los ciudadanos comunes que por esas
mishiaduras de la vida tiene que soportar el martirio de ser contratado o
becado del municipio donde reina Cativa desde el Concejo Deliberante.
A diario se apersonan ante este medio de comunicación,
humildes personas que desean ser salvaguardados de los embates del autoritarismo
de la dupla Páez-Cativa, declarados perversos que se aprovechan del poder que
ostentan para humillar a esta pobre gente indefensa, cuya única salvación es la
denuncia ante los medios de comunicación no adictos a los opresores, sino que
hacen periodismo de objetivo y basado en la pura verdad.
La amenaza puntual es aquella que les anunció un encumbrado esbirro
de Páez, de que si perdían la interna, quedaban todos en la calle, con todo lo
que ello significa para el sustento familiar. Nos lo contó una llorosa mujer
que cobra una beca de mil pesos para realizar ateas de limpieza, agregando que
es lo único que recibe para sus tres hijos y que de política no sabe nada,
solamente que hace algunas semanas, la hicieron firmar una fichas radicales
para que pueda votar.
Realmente inadmisible si se tiene en cuenta que ya han
pasado muchos años de vivir en estado de derecho, en pleno uso de las libertades
individuales, sobre todo la de expresión y pensamiento.
Y que las últimas lacras del proceso, son justamente Oscar
Castillo, Brizuela del Moral, Amado Quintar y sus seguidores ambiciosos de retorno
de los dictadores a quienes sirvieron bovinamente. Los mismos a los que Páez denostaba
hasta hace muy poco nomás.